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Fiesta de la Providencia Imprimir E-mail

12 Noviembre. Sta. Maria Madre de la divina Providencia.

En el boletín "Divina Providencia" de noviembre de 1895 aparece un pequeño artículo de don Guanella, bajo el título de Nuestra Señora de la Divina Providencia. En él se describe, de acuerdo con la imagen que don Guanella se encontró en Roma, en la iglesia de San Carlos en Catinari: una representación dulce de la Virgen con el Niño.

"Nuestra Señora de la Divina Providencia sostiene a su divino Hijo envuelto en un amplio manto, y lo aprieta con amor contra su corazón y lo contempla con dos ojos llenos de admiración por la alegría divina que le inunda, como diciendo: estoy abrazando la divina Providencia, esa divina Providencia que se sirve de mí, humilde sierva, para que alimente y cuide del celestial Infante, que es divina Providencia encarnada. La Beata Vírgen de la divina Providencia es nuestra querida Madre, y le gusta que la invoquemos con este nombre, para poder acudir lo antes posible en nuestra ayuda. Qué consuelo tener a quién recurrir en medio de las tribulaciones y recurrir a la gran Virgen de la divina Providencia. En las diversas obras de la Pequeña Casa, nuestra común Madre María es venerada con el título de Madre de la divina Providencia ". 

 

Así que en este plan divino de la providencia también estaba incluida la gracia, la bondad, la dulzura del toque femenino y maternal: la Virgen Madre de Dios, mediadora de gracia, sonrisa de caridad y misericordia y garantía para los niños más necesitados. Se declaraba así, patrona de esta enorme multitud de pobres atendidos en las casas de Don Guanella.

Está claro que el título de Señora Madre de la divina Providencia se funda en dos objetos o verdades de nuestra fe: en la providencia divina, la omnipotencia benévola y paternal de Dios y la maternidad de María, Madre de Dios, que encarnándose se pone en sus manos como niño necesitado de todo, de afecto, de cuidados, de desarrollo y de educación. Como Jesús en los brazos de María – convertida también ella en omnipotente por la mediación y la oración – del mismo modo la Obra Don Guanella se pone en los brazos de la Madre de la Iglesia y de todos cristianos, especialmente los más pobres y abandonados.

De este modo don Guanella alimenta su fe, en la centralidad del misterio divino; la transforma en culto divino y devoción, en oración, ante la querida imagen de Santa María de la Providencia y luego la transforma en fuerza de acción y obras para los más necesitados, todos suplicantes, como se acostumbra a rezar en sus casas: "Santísima Providencia de Dios, ayúdanos”: repetido decenas de veces, en una corona especial.

La Congregación de las Hermanas lleva precisamente este título: Hijas de Santa María de la Providencia viven la fe, la piedad, la acción y el espíritu de don Guanella. La Casa madre, fundada por don Guanella, en Lora, Como, lleva, como la iglesia construida allí, este título mariano. Del mismo modo, otras instituciones y otras iglesias, fueron construidas dedicadas a Nuestra Señora de la Providencia.

En 1912, don Guanella participó en el Congreso Mariano Internacional, celebrado en Trier (Alemania) e hizo, en nombre de la delegación italiana, una brillante presentación de este título mariano, manifestando que toda su obra estaba en deuda con la protección de Dios y de la beata Virgen. E hizo también invitación al congreso para que se erigiese un templo en Roma, en las cercanías del puente Milvio, para celebrar el centenario de la victoria del emperador romano Constantino y de la paz constantiniana y la libertad dada a la Iglesia. Propuso la zona de Monte Mario en el territorio de la parroquia de San José al Trionfale, cerca de su colonia agrícola para adultos discapacitados. La propuesta fue aceptada, pero pareció un poco controvertida en ese tiempo de contrastes y luchas contra la Iglesia y el papado. Unos años más tarde fue construida, no un templo lujoso sino una iglesia un poco más humilde dedicada a Nuestra Señora de la Providencia, a los pies del Monte Mario, en el Valle de los hornos, Valle del Inferno, como se le llamaba entonces con un nombre significativo, para indicar un barrio olvidado por todos los hombres y quizás un poco incluso por Dios. Don Guanella había muerto hacía un par de años, pero el pequeño templo se presentó como el último signo de confianza, de agradecimiento a Dios y a la Virgen y signo también de presencia entre los hombres más necesitados y olvidados: una garantía de la presencia de Dios Padre y de María Madre.

En lo concreto de la vida cotidiana, esta presencia había asegurado a don Guanella todos los medios de gracia, de personas, de bienes materiales, necesarios para los pobres. Cuando compró la casa Binda, en Lora, para hacer la casa madre de las hermanas, recuerda don Guanella, "era el primer día del año 1897 estaban sentados alrededor del caño de agua que alimenta los peces de colores en el jardín en la gran magnolia, el propietario sr. Baserga, el banquero Luigi Minoletti el notario Paolo Zerboni y se compró, por 45 mil liras, todo el edificio. Aún no tenía dinero. Por esa enorme fábrica se habían interesado antes la ciudad de Como, el Obispo Mons. Ferrari, el orfanato de Santa Clara, y por último también un grupo de industriales de Berlín. En la práctica, todos sintieron alguna repulsa y se fueron. Comenta don Guanella: esto sirvió para bajar los precios y que se volviese más fácil la compra a favor de los pobres". No había dinero "pero en pocos años se saldó el total de la compra, y por el mismo valor, pero poco a poco, se arreglaron los locales y se ampliaron hasta llegar a la actual capacidad de más de 400 asistidos”.

Concluyó citando el viejo refrán: los hombres se afanan, pero Dios los guía. Casi al mismo tiempo escribió a un amigo sacerdote: "Estimado señor párroco. Tenga fe en Santa María de la Providencia. Pague poco a poco para dejar algo que hacer a la Divina Providencia. Si es necesito haré de proveedor o de letra de cambio que se pagará de la mejor forma posible. In Domino, atentamente DL Guanella”.

(De "La Voz" • n. 6 - Noviembre-Diciembre 2013 - Don Piero Pellegrini)

"Oh María, Madre de la Providencia, ayúdanos a ascender.
Danos tu mano en la subida espiritual de esta vida,
para realizar la última ascensión del valle de lágrimas
el día de la muerte y del juicio universal.
Ese día, tu labor de providencia para cada uno de nosotros habrá concluido
y cantaremos para siempre tu misericordia. "
 

Última actualización el Sábado, 11 de Noviembre de 2017 14:36