| Carta del Superior General |
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Con corazón gozoso extended a todos el anuncio de la caridad.
Para felicitaros las fiestas navideñas de parte mía y del Consejo general me sirvo de la carta que Don Guanella escribió hace cien años, para la Navidad de 1908. La encuentro muy actual también para nosotros y por lo tanto retomo de ella algunos pensamientos y sentimientos con alguna adaptación a nuestro momento actual. Igual que él, yo también puedo decir: "os comunico mi satisfacción por el celo ferviente, por la dedicación a la santificación propia y a la consolidación del instituto, que me parece encontrar en vosotros…, y me alegro interiormente de manifestaros mis gozosas esperanzas para un futuro cada vez más próspero… Me consuelo por la caridad que reina entre vosotros." Su deseo de crecimiento en santidad y en obras se ha concretado ciertamente en nuestra historia centenaria. A ejemplo de muchos cohermanos nuestros nos sentimos estimulados a seguir sus huellas. Al mismo tiempo podemos dar gracias a Dios por la difusión de la “tienda de la caridad” en muchos países del mundo. El Fundador siguió de esta manera: "El Santo Padre con efusión de corazón bendice a los Siervos de la Caridad, a su obras… y espera mucho del celo enérgico de los Siervos de la Caridad"… Creo necesario leer estas palabras del Fundador, al hilo del Mensaje que el actual Pontífice dirige a todos con motivo del Día mundial de la paz: "Combatir la pobreza, construir la paz."
Don Guanella en su carta añadió un estímulo a cuidar de las vocaciones para la Congregación: "Nuestra mayor atención tiene que ir encaminada a aumentar un numeroso alumnado.... Tiene que mantenerse vivo entre vosotros el deseo de crecer y Dios multiplicará los obreros en la viña de la Casa de la Divina Providencia", e indicaba también con qué sensibilidad hacerlo: "las vocaciones que escapan al ojo del prudente común, al ojo del que observa con una fe más viva, pueden convertirse en gran ayuda para las almas”. Necesitamos también hoy en día poner en práctica estas sugerencias. Me permito también sugerir que nos comprometamos todos en favorecer la vocación a la vida religiosa laical, que fue considerada de particular importancia para nuestra Congregación por el Fundador. Creo que un último punto de su carta refleja nuestra situación actual: "Tendremos que estar atentos a que las personas y las obras de los Siervos de la Caridad, las cuales han tenido que extenderse aisladamente para empezar, puedan concentrar personas y obras, para consolidar de esta manera las instituciones comunes, haciéndolas más aptas para alimentar interiormente el fervor de espíritu del Instituto y consolidar de esta manera su duración."
El Fundador, que llevaba en el corazón a los pobres, estaba convencido que sin "el vínculo de caridad" incluso los proyectos humanos más válidos podrían valer y durar poco. Y como felicitación navideña empleo las mismas palabras del Fundador: La Navidad "sea ocasión propicia para transmitir a todos el gozo de vuestro corazón." Un cordial saludo. P. Alfonso Crippa |
| Última actualización el Miércoles, 24 de Diciembre de 2008 13:51 |







