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San Luis Guanella Imprimir E-mail
Del Librito de la Canonización

La vida de don Luis Guanella fue un largo impulso para hacerse presente donde había un grito de ayuda y un socorro que ofrecer; una sensibilidad cultivada ya desde la infancia.

Luis Guanella nació en Fraciscio, fracción del municipio de Campodolcino, diócesis de Como, el 19 de diciembre de 1842. Al día siguiente le fue administrado el sacramento del Bautismo.

Los padres, Lorenzo y María Bianchi, fueron cristianos ejemplares, entregados a la familia, al trabajo de los campos y la ganadería.

Acostumbraban a rezar en familia el Santo Rosario y leían juntos la vida de los santos, experiencia que caracterizó la actividad apostólica de su existencia.

Terminados los estudios en el seminario de Como, el 26 de mayo de 1866 recibió la consagración sacerdotal y al año siguiente fue nombrado párroco en Savogno. Durante los siete años de ferviente ministerio tuvo contacto con don Bosco y la institución del Cottolengo en Turín. Deseoso de una experiencia religiosa más radical, en 1875 se fue junto a don Bosco, emitiendo los votos religiosos por un trienio. El obispo de Como lo volvió a llamar a la diócesis y don Guanella regresó con el sueño de fundar una institución que recogiera a chicos necesitados. Abrió una escuela que después tuvo que cerrar a causa de la hostilidad de las autoridades civiles.

“La hora de la misericordia”, como llamaba don Guanella al momento propicio del favor divino, surgió en noviembre de 1881 cuando llegó a Pianello Lario como párroco, dónde encontró un grupo de jóvenes entregadas a la asistencia de los pobres.

Ese grupo de jóvenes mujeres se convertirá en el inicio de la nueva congregación: las Hijas de Santa María de la Providencia.

El celo y la caridad apostólica de don Luis incrementaron la obra benéfica hasta permitir la difusión de la actividad en el corazón de la misma ciudad de Como. Ellas iniciaron la actividad de la “Casa divina Providencia”, que serà la Casa Madre de las dos Congregaciones, la femenina y la masculina.

Junto a los pobres también aumentaron los brazos y los corazones para asistirlos y amarlos. Además de la Congregación de las Hermanas, don Guanella también formó un grupo de sacerdotes que llamó “Siervos de la Caridad”.

“No se puede parar mientras haya pobres para socorrer”, repetía a menudo en sus peregrinaciones por curar las llagas de las pobrezas. Por este motivo las dos Congregaciones religiosas se iban difundiendo en varias regiones italianas y en la cercana Confederación Helvética en el Cantón Grigioni y Cantón Ticino. En 1904 san Luis Guanella realizó el sueño de llegar a la ciudad santa, Roma, para estar junto al Papa y demostrar su fidelidad a la Iglesia, gracias a un testimonio luminoso de caridad y ardor apostólico.

San Pío X había comprendido la grandeza de ánimo de don Guanella, lo estimó y le confió el deseo de construir una iglesia dedicada al Tránsito de San José. Junto a la parroquia también surgió la Pía Unión del Tránsito de San José, una asociación de oraciones por los moribundos. San Pío X quiso ser el primero de los inscritos.

El celo misionero lo empujó a América del Norte, entre los emigrantes italianos. En diciembre de 1912, a la edad de setenta años, don Guanella se embarcó y llegó a los Estados Unidos.

La última intervención extraordinaria en la vida de don Guanella fue en enero de 1915, cuando quiso permanecer en Roma para ayudar a las víctimas del terremoto del Abruzzo. Trabajó con celo a su lado el venerable Aurelio Bacciarini, primer párroco de San José, su sucesor en el gobierno de la Congregación de los Siervos de la Caridad y llamado después al ministerio episcopal en la diócesis de Lugano, Suiza.

Los achaques de la vejez, la entrada de Italia en la primera guerra mundial, la marcha de algunos cohermanos al frente militar, minaron su salud.

Don Guanella dejó en sus escritos esta consideración: “la muerte es como una madre que se abraza al hijo […], es el ángel que nos reconduce a la patria”. Aquella madre, brillante como un ángel, pasó a las 14,15 de aquel domingo 24 de octubre de 1915. Y fue un domingo sin ocaso.

Vaticano a 23 de octubre de 2011

PENSAMIENTOS

El camino hacia la santidad

No se piden cosas imposibles para llegar a ser santos. Basta que uno realice con santa intención todos los actos propios de su condición; puede que parezca difícil, pero no es necesario que estemos pensando en ello en todo momento. Es suficiente que con el corazón ofrezcamos a Dios todas nuestras obras.

Es lo mismo que el viajero. De madrugada piensa en la patria y se dirige a ella. Esto no quita para que, mientras camina, hable con quien tiene a su lado, o se fije en la variedad de las cosas que le rodean. Es suficiente que avance con paso firme. Cuando lleguen las dificultades en el sendero o las incertidumbres del camino, entonces piensa con mayor intensidad en la patria y continúa su camino hacia ella.

Si hacemos esto, con toda seguridad, al atardecer de nuestra vida también nosotros entraremos por la puerta de nuestra patria: el Paraíso.

L. Guanella. "El pan del alma".

Paternidad de Dios

Dichosos nosotros que, por la ley de la gracia, podemos hablarle a Dios con cariño de hijos.  
Dios te quiere y te hace oír su voz cariñosa: "Yo quiero a los hombres, los quiero todos porque son obra de mis manos."  
¿Queréis una regla para vivir felizmente sobre esta tierra? La regla es dejarse guiar por Dios.

El corazón de Jesús es un corazón de padre.

Para salvar a los hombres y mujeres Jescristo hizo ese milagro de amor de bajar del Cielo a la tierra: la Eucaristía. 
Recibidla (la santa comunión), porque el amor quiere una respuesta de amor.

Testamento de María.

En el cenáculo María te enseña que para rezar bien necesitamos el auxilio del Espíritu Santo.

Alegrémonos a recordar que María está llena de gracia y si ella está plenamente llena... debemos crecer en su conocimiento y afecto.

Por San José

¡La cuestión social tiene necesidad de un abogado de la fuerza de San José para superar las peligrosas crisis por las que atraviesa la sociedad y para poner como base del organismo general la fe y la caridad de Cristo!

En la vida vivida por el cristiano

Un corazón cristiano que cree y siente no puede pasar ante la indigencia del pobre sin socorrerla.

Última actualización el Sábado, 22 de Octubre de 2011 23:08