YOOtheme
Una historia de misericordia Imprimir E-mail

Dicen que una foto vale más que mil palabras. La verdad es que a mí no se me da bien lo de la fotografía, por eso quiero comentar lo que intenté mostrar en la foto que les muestro.

Aparentemente no tiene nada de extraordinario, sin embargo el que masajea es Alejandro, un paralítico cerebral. Al que masajea es Víctor Manuel. Y la alumna que aparece al lado es la mamá de Víctor Manuel que pone en práctica las enseñanzas de este fisioterapeuta, doctorado por la experiencia personal de su vida.

 

Alejandro comenta, que cuando tenía 12 años se encontraba como Víctor Manuel, pero que gracias a la tenacidad y el esfuerzo de su madre, a los 16 años empezó a andar y a mejorar totalmente.

Víctor Manuel, comienza a llorar y Alejandro con una ternura maravillosa le coloca su mano sobre el pecho mientras recomendaba con firmeza a la mamá que siguiera masajeando y no hiciera caso de aquellos sollozos.

Acaba la sesión de masajes, que fue iniciativa de Alejandro ante la sorpresa de los que allí estábamos, y donde puede ver mejor reflejados los efectos de aquel masaje era en el rostro de la mamá, que gracias a Alejandro y a su testimonio había recobrado la esperanza en el futuro de su hijo Víctor Manuel.

Querido Alejandro, te necesitamos. Aunque meses atrás me habías comentado que te querías ir y que presentías cercana tu muerte, ese día que pasamos junto a Víctor Manuel comprendiste la tarea tan importante que aún tienes en este mundo.

El grupo de personas con discapacidad del que formas parte, sus familias y toda la parroquia San Luis Guanella de Amozoc necesita tu testimonio, tu fuerza y tu “cabezonería” para seguir luchando con esperanza por un mundo más justo y fraterno.

Y recuerda, Alejandro, que Víctor Manuel y su mamá han aceptado la invitación que les hiciste y esperan con impaciencia que termines esa piscina en tu casa para poder disfrutarla contigo.  

 

Última actualización el Jueves, 24 de Marzo de 2016 03:06