YOOtheme
La abuelita Mari Imprimir E-mail

En 1992, los policías la vieron durante días rebuscando entre los contenedores y durmiendo en cualquier banco. Mirada ausente, mirada temerosa, desorientada y perdida. Y cuando por fin la recogieron y la llevaron a la asistenta social de la zona, a ésta sólo se le ocurrió acercarla al Techo Fraterno de los misioneros guanelianos en un barrio periférico de México DF, allí donde Cristo perdió el zapato. Nada más llegar a esta casa, comió con apetito, se aseó lo mejor que pudo y durmió durante horas, quizás días.

Le preguntaron su nombre, pero la mujer, de edad indefinida, no sabía o no podía hablar. Le pusieron un lápiz en los dedos para que escribiera su nombre y ella lo miró y lo volvió a mirar con alegría infantil pero sin atreverse a acercarlo al folio. No sabía escribir ni leer, evidentemente.

En los días siguientes, por señas, intentaron que les dijese dónde vivía, dónde estaba su familia, qué hacía... todo fue inútil. Incluso llegaron a pasearla en coche y a pie por el barrio donde los policías la habían recogido por si reaccionaba ante una casa, una calle, un viandante conocidos. Nada que hacer.

Finalmente, pensaron que lo mejor para la buena mujer es que se quedase a vivir en el Techo Fraterno. Le pusieron un nombre. Le llamaron María Guanella, como la madre del Fundador de la Congregación. En el fondo, era una mujer tan pobre que no tenía ni siquiera nombre. ¿Lo había tenido alguna vez? ¿Se había negado María a hablar por señas de su familia, de su casa, porque nunca las había tenido o porque, con ese instinto de supervivencia que sólo tienen los niños y los desvalidos intuyó que era mejor no volver al pasado, y que los pocos días que llevaba en el Techo Fraterno habían sido días felices sin miedos y sin temores? ¡Es tan compleja el alma humana, tan laberíntica y tan insondable!

Y si hoy hablo de María es porque desde México DF me han dicho que acaba de fallecer. Yo la conocí en diciembre de 2005, cuando visité los proyectos de Puentes en ese país. Entre estos proyectos estaba el sostenimiento del Techo Fraterno (centro para personas mayores). La recuerdo perfectamente. Su pelo cortito y blanco, su batita humilde, su andar trabajoso (en los últimos tiempos, me dicen, iba en silla de ruedas). Pero siempre que te acercabas a ella, se reía. ¿Era su forma de agradecer a todas las personas que la trataban con consideración y con simpatía? ¿Era la sonrisa su manera de decir a los demás que se encontraba a gusto y feliz en esta casa? Si le sacaban a bailar, bailaba; si le llevaban de paseo, enseguida se disponía a andar. Le gustaba ver la televisión y ejecutar las sencillas tareas domésticas que la asignaban.. El primer domingo que pasó en el Techo Fraterno, la llevaron a Misa y ella, al entrar en la capilla, hizo la señal de la cruz. ¿Un viejo recuerdo de infancia cuando iba, quizás, como todos los niños a la misa dominical? ¿Un reconocimiento a ese Dios en cuya casa se encontraba? La abuelita Mari, como le llamaban con afecto los que habitaban el Techo Fraterno, acaba de fallecer. Ha pasado los últimos años rodeada de afecto, atendida, cuidada y querida, dejando un estupendo recuerdo en voluntarios mejicanos, españoles e italianos que por allí pasaron. El funeral cálido y afectuoso que le han dispensado en México da prueba de todo ello. Hasta el último momento, María Guanella ha sido amada humanamente.

Se da la casualidad de que, tras años de papeleos y papeleos, la administración mejicana reconoció a esta mujer con el nombre de María Guanella, y fue inscrita en el registro a tal efecto.

La abuelita Mari es -ha sido- uno de esos casos donde resplandece el genio del cristianismo. Una mujer sin casa, sin inteligencia, sin cultura, sin pan, sin familia, sin nada, sin nombre siquiera... es reconocida en su dignidad, es llamada a presidir la mesa de la fraternidad, la mesa familiar de casa Guanella.

     Juan Bautista Aguado Tordable

Fotos para el recuerdo 

LA PALABRA MUDA DE MARY

La palabra muda de Mary
era elocuente en su sonrisa.

Llegó sin identidad,
sin historia,
sin nombre,
como los ángeles
que se aparecen en las aceras,
por los balcones o en medio del tráfico.

Llegó sin pasado
y se le dio casa, futuro y nombre.
Nos la trajo la vida,
se la llevó la muerte,
(tremendo misterio que acaba en gloria).

Sabía rezar
y su silencio vital
era la mejor pedagogía
para contemplar a Dios
y escuchar a los hombres.

Mary Guanella,
en mayo se fue,
que es el mes de las grandes mujeres;
y con don Guanella está,
pues es de su familia,
que el suyo no era apellido prestado,
(don Guanella sabía casar muy bien
eso casa, familia y pobres)

Predicó en silencio y con sonrisas,
elocuente manera,
al estilo del Cristo de Javier,
al estilo de los crucificados de la historia,
que a través de almas generosas,
como la de Conchita,
aman con el poder de la misericordia.

21 – 05 - 2016

Última actualización el Martes, 24 de Mayo de 2016 15:37