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Un deseo intenso Imprimir E-mail

Habiendo recibido la confirmación del Santo Padre de la próxima canonización del Fundador, en la cual se propondrá su santidad a todo el pueblo cristiano, es ciertamente más fácil también para nosotros revivir este año la alegría con la cual don Luis Guanella, con nuestros primeros cohermanos, pronunciaba el 24 de marzo de 1908 los votos religiosos perpetuos y así sellaba su gran deseo de instituir nuestra Congregación Guaneliana. Para Don Guanella el 24 de marzo de 1908 representaba el cumplimiento de un deseo intenso, "interiorizado y manifestado durante largo tiempo..." satisfecho de “poder concluir sus cansados días... en la santa paz de la vida religiosa”.

Había luchado mucho a lo largo de su vida para superar las dificultades y las incomprensiones por parte de quienes no comprendían u hostigaban su proyecto.

Solamente su firme voluntad, fundada en la conciencia clara de su particular vocación recibida de Dios, su confianza en la Providencia, que en la hora propicia de su misericordia vencería todas las resistencias, su gran amor por los pobres a los cuales se sentía enviado, pudieron ir resolviendo todas las dificultades que se le presentaban.

Aquel día, con el reconocimiento de la Iglesia Don Guanella podía finalmente estar seguro de la voluntad de Dios que le abría vastos horizontes y perspectivas del bien por realizar con la ayuda de quien quería seguir su inspiración y sus huellas.

Ese sueño que había atesorado en el corazón ya desde niño, pero que tardaba en definirse y en realizarse, ahora se hacía concreto en el rostro de quienes con él se consagraban definitivamente al Señor y a las obras de misericordia. Detrás de aquellos rostros, que nos representaban también a todos nosotros, Don Guanella entreveía la obra del Señor que se sirve de pobres hombres para extender su reino de caridad.

Revivir hoy ese acontecimiento nos compromete a actualizarlo en el hoy de nuestra historia personal y de Congregación: “No tenéis solamente una historia gloriosa a recordar, sino un gran proyecto por construir: mirad hacia el futuro al cual el Espíritu os proyecta para hacer con vosotros grandes cosas”, nos pide el Documento ‘Vida Consecrata”. El contexto en el cual tenía inicio públicamente nuestra Congregación era ciertamente distinto del actual, pero igual debe ser el espíritu con el cual hoy estamos llamados a insertarnos en el proyecto de amor de Dios. Como para la nueva evangelización propuesta por la Iglesia, también nosotros tenemos necesidad de un nuevo impulso hacia la santidad y de nuevos métodos para realizar el propósito de actualizar el Evangelio de la caridad de Dios.

Nuestra preparación al día de la glorificación de nuestro Fundador nos comprometa a todos a reforzar el don de la llamada a la vida religiosa, para que nuestras celebraciones externas sean la expresión auténtica de la vitalidad de nuestra vida espiritual y de nuestro celo apostólico.

El particular compromiso que todos tenemos de hacer conocer la santidad de don Guanella presupone en nosotros la responsabilidad de profundizar el sentido, la riqueza y la potencialidad de nuestro específico carisma de religiosos apóstoles de la caridad, para que nuestro testimonio se torne más visible y evangelizador para este, nuestro tiempo.

Ciertamente el proyecto de vida religiosa elegido por don Guanella y su fidelidad al vivirlo con coherencia y gratitud al Señor, forman parte de su santidad. Bastaría repasar las palabras sublimes que el Fundador nos dejó sobre los votos religiosos y sobre el sentido de la consagración a Dios para comprender y apreciar el camino de santificación que propone también para cada uno de nosotros.

Por lo cual también nosotros hoy podemos revivir ese momento tan importante para don Guanella y para nuestra congregación, y redescubrir toda la fuerza del carisma y del espíritu Guaneliano que el Señor nos ha comunicado al llamarnos a seguirlo en la Congregación de los Siervos de la Caridad. Nosotros no tenemos la suerte de tener entre nosotros físicamente al Fundador, que con su fuerza transmitía a sus religiosos su espíritu ferviente de caridad y su amor apasionado a Cristo, a la Iglesia, a los pobres. Debemos sin embargo sentirlo muy cerca espiritualmente, incluso porque es confirmado como santo por la Iglesia, y entonces tenemos el deber de hacer memoria de él e imitar su santidad. En sus huellas ya otros cohermanos y cohermanas dieron testimonio de la fecundidad del carisma guaneliano. Nos toca a nosotros hoy volver a proponer, con el mismo entusiasmo de los orígenes, el don que Dios nos hizo a nosotros, a la Iglesia y al mundo.

Junto con nuestra toma de conciencia de la excelencia del don recibido con la vocación a la vida religiosa guaneliana, quisiera sugerir otras dos actitudes que nos acerquen al corazón de don Guanella manifestado de modo tan sublime en aquel lejano 24 de marzo de 1908.

El 24 de marzo de 1908 representa para nuestra Congregación el primer acto comunitario formal. Y nosotros lo podemos revivir reforzando ese vínculo de caridad y de comunión fraterna que, en el pensamiento de don Guanella, es la verdadera fuerza de la Congregación: “Las congregaciones religiosas, que prosperaron a través de los siglos, prosperan en la medida que tuvieron el bien de amarse los unos a los otros en el Señor”. (L. Guanella, R HSC 1899, Opera Omnia, Vol. IV, p. 974).

Él lo expresaba, como relata Don Mazzucchi, con el agradecimiento sentido a nuestros primeros cohermanos. Nosotros lo podemos renovar con nuestro mayor empeño para descubrir la riqueza y el don que cada cohermano representa para nuestra propia comunidad. Tenemos todos, el deber de no hacer que la Congregación se sienta extraña o distante del proyecto de vida de nadie, cuando éste es conforme a las intenciones del Fundador.

La experiencia de ser un pequeño rebaño que el Fundador vivía en aquel momento inicial de la Congregación es un estímulo también para nosotros, para confiarnos con más convicción a la Providencia de Dios, para no desanimarnos ante las dificultades del presente. Conscientes también nosotros de tener “en vasos de barro” el gran valor de un carisma, capaz no solo de expandirse geográficamente sino también de suscitar participación en el pueblo de Dios y entre las tantas personas de buena voluntad que tienen la posibilidad de acercarse a Don Guanella y a los pobres.

¡Cordiales saludos a todos!

P. Alfonso Crippa
Superior General