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Reliquias en Latinoamerica Imprimir E-mail

SAN LUIS GUANELLA DE VISITA POR LATINOAMERICA

Querido San Luis Guanella: qué alegría que estés hoy aquí entre nosotros a través de tus reliquias. Nuestro corazón se llena de emoción y de agradecimiento. Gracias por venir a visitarnos, por querer estar entre nosotros. Y sobre todo gracias, porque al hacerte santo, la iglesia entera te propone como modelo para nuestras vidas. Sé fuente de bendiciones para los que te conozcan, te invoquen y te sigan.

Luis Guanella, era hijo de la montaña. Podríamos diseñar el gráfico de su vida, como si fueran las dos vertientes de una montaña: la primera parte, como la subida a una cumbre en la que nuestro santo se esfuerza en encontrar y realizar su camino. En la cima, la iluminación, el monte Tabor, el monte de la felicidad, la segunda parte, la bajada de la montaña; Luis Guanella se siente como transportado, empujado, “con alas en los pies”, descendiendo como una avalancha de caridad hacia los pobres, que nada ni nadie puede detener.

 

BOTAS

Os invito a comenzar por la bajada de la montaña, su ardiente caridad, porque es lo que primero saltaba a la vista de los que conocieron a este hombre. Y nada mejor que sus botas para hablarnos de ella. Estas botas, que hoy presiden nuestro encuentro, son el símbolo de su incansable caminar al encuentro de los necesitados y de los que sufren.

Unas botas que le trajeron hasta nuestro continente americano allá por el año 1912, con 70 años a sus espaldas, para apoyar a los muchos emigrantes italianos que hasta aquí habían llegado. Hoy, poco más de cien años después, esas botas vuelven a visitarnos. ¡Qué alegría y qué emoción!

El padre Guanella había comprendido muy bien el mensaje del evangelio de Mateo sobre el juicio final. Un juicio sorprendente, donde lo importante no es lo que decimos, pensamos, creemos o sentimos, sino lo que hayamos hecho por los demás, lo decisivo son los vasos de agua dados al sediento. Seremos juzgados por la compasión, por el amor, por nuestra ayuda a los necesitados.

“No podemos detenernos, repetía, mientras haya pobres que socorrer”. Nunca se detenía, es más su método de vida y acción se le llamaba el método del “corre, corre”… Y lo que le movía era ese fuego de caridad que le ardía dentro. El nombre que quiso poner a sus seguidores: "Siervos de la Caridad” es todo un programa para nosotros. Un programa que nos dejó resumido en dos palabras: PAN y SEÑOR. “Den a todos en abundancia Pan y Señor” nos repetía a sus seguidores.

Don Guanella ve al ser humano como alguien que precisa lo material y lo espiritual. Alguien necesitado de comida, de alojamiento, de trabajo, pero también de espíritu, de dignidad, de derechos, de respeto máximo por su historia y por sus sueños. El ser humano necesita pan, pero también Señor. Atender sus necesidades materiales y espirituales. Dar respuesta a sus demandas físicas, pero también a sus preguntas, a sus zozobras, a sus insatisfacciones, a su hambre infinita de Infinito. Dar una bendición a alguien que te pide pan, es un sarcasmo. Dar un taco a alguien que te pide ‘alma’, es un acto de embrutecimiento. Don Guanella quería que en sus casas se diese suficiente pan y suficiente Señor.

Una anécdota nos ayuda a comprender su amor apasionado por los pobres.
“Un día de invierno de 1903, Don Guanella fue a visitar a sus monjas en un pueblo de Bergamo (Italia). Las hermanas, instintivamente, le miraron los pies y vieron que tenía los zapatos todo rotos y unos calcetines en el mismo estado. Entonces le preguntaron: “Don Guanella, ¿pero qué se ha puesto esta mañana?” El respondió: “Bueno, sin darme cuenta me he puesto unos zapatos viejos que tenía…” Más tarde, las hermanas supieron que, mientras iba a visitarlas, se había encontrado con un pobre muerto de frío y le había dado sus calcetines y zapatos y él se había puesto los del pobre.

Una caridad que le llevaba a colocarse en lugar del otro, “a ponerse en sus zapatos”, como acabamos de escuchar en la anécdota, entrar en el corazón del otro para sentir lo que el otro siente, tener “empatía”.

Y por si alguno se cansaba en el camino decía a sus seguidores que nunca podían decir “basta ya”. Una caridad del corazón, creativa, universal, sin fronteras. Nos decía: “Su patria es el mundo entero”.

 

LIBRO DE ORACIÓN

Volvamos ahora a la imagen de la montaña y hablemos de su subida a la cima. Nos preguntamos ¿cuál era el motor y la gasolina que movía a este hombre? Y la respuesta es sencilla: la oración y el sacrificio. Fue el testamento espiritual que nos dejó en su lecho de muerte: orar y sufrir.

Tenemos aquí entre las reliquias uno de los libros de oración que pasaron por sus manos, un libro de hojas desgastadas por sus dedos… Siempre caminando y siempre en oración, en contacto con Dios, en donde cargaba sus pilas, y reavivaba el fuego de su amor. Así escribe a propósito: “El soplido de los labios enciende y reaviva el fuego; el soplo espiritual de la oración reaviva el fuego de la fe y de la caridad”.

Una oración hecha desde el corazón, con la confianza y la sencillez de un niño que habla con su madre: “No te desahogues con demasiadas palabras en la oración, sino tranquilízate y goza como un niño en el seno de su madre”.

Don Guanella, muy a menudo, invitaba a sus novicias a “hervir en la oración como hierven los frijoles en la olla”, a “sentir” a Dios como se siente el calor del sol o el perfume de una flor. Decía: Dios es el todo de nuestra alma. ¿Cómo pudiera un pez vivir sin agua, cómo pudiera un ave volar sin cielo? Pues mucho menos el ser humano puede vivir sin Dios” “El corazón es el órgano vital de nuestro cuerpo, la oración es la vida de nuestra alma”. “Como las aves vuelan por el aire y los peces nadan por las aguas, así tu alma debe moverse continuamente en Dios y respirarlo”.

Don Guanella compara la unión con Dios al aire de las aves y a las aguas de los peces, para subrayar el hecho de estar inmersos en Dios. El aire envuelve cada parte de nuestro cuerpo y, sin embargo, no nos damos cuenta de su presencia. Lo mismo ocurre con Dios. Dios está presente en nosotros desde que nacemos. Siempre está presente en nosotros. El ser humano tiene tanta necesidad de Dios como lo tiene del agua y del oxígeno. Orar, por lo tanto, es una necesidad, un placer y un gozo. ¿A quién se le ocurriría decir que respirar es un deber?

Su oración era sobretodo eucarística. Tenía un gran amor a la Eucaristía. La primera y última cosa que hacía cuando visitaba una de sus casas era el ir a ver al “dueño de la casa” que estaba en nuestro “Paraíso en la tierra” que así llamaba Don Guanella a Jesús sacramentado y a la capilla. Lo consideraba el centro de su vida espiritual y así quería que fuera para nosotros. Cuando Don Guanella estaba construyendo el Santuario del Sagrado Corazón de Como, quiso que su habitación estuviese al lado del mismo santuario y que tuviera una ventana, a través de la cual se pudiese ver el sagrario y así poder velar en las horas de la noche al Santísimo Sacramento. Así había hecho en otros lugares. Fue sin lugar a duda, un hombre eucarístico. “La eucaristía, decía, es el sol de nuestra vida”.

 

PAÑUELO

Decíamos que en el lecho de muerte nos dejó su testamento espiritual en dos palabras: Orar y sufrir. Reflexionemos sobre el sufrir.

Este pañuelo blanco que se encuentra entre las reliquias, es precisamente el pañuelo con el que secaron el sudor de don Guanella cuando se encontraba en el lecho del sufrimiento de sus últimos momentos de vida.

Un sufrimiento que acompañó a nuestro santo a lo largo de toda su vida. No un sufrir por sufrir, sino consecuencia de su misión de caridad. Repetía con frecuencia que “no se puede hacer el bien sino se recorre el camino fatigoso del Calvario”. Dolor en sus difíciles inicios de su obra, fatigas y dificultades físicas aunque los dolores más agudos fueron los morales. El conoció la desconfianza, la desestima, el abandono, las adversidades, incomprensiones y desprecio de parte de sus adversarios y hasta de amigos y compañeros. Él decía que “las obras de Dios deben tener como base el sufrimiento”. Pero era el sacrificio de la caridad la principal penitencia que don Guanella practicaba e inculcaba a sus seguidores.

Quien elige servir al pobre por amor, debe aceptar necesariamente también la vida de fatigas, de estrecheces y hasta de humillaciones. Decía don Guanella que “las dificultades son la marca de la bondad de nuestras obras”.

 

SU LIBRO “VAYAMOS AL PADRE”

Y siguiendo la imagen de la montaña, vamos a ver a Don Guanella ahora en la cumbre, en su Tabor, en el momento más luminoso de su vida y donde descubre el secreto más importante de su vida: “Dios es nuestro Padre”. Y lo descubre en el momento más difícil. Tenía 40 años y todos sus sueños y deseos de hacer el bien y de ayudar a los pobres seguían sin encontrar respuesta. Es más, el obispo, para que no molestara, le destierra a Olmo, un pueblecito perdido entre las montañas de los Alpes. Fue aquí, en este apartado pueblo, abandonado por todos, cuando Luis se sintió amado y querido por un Dios al que desde ese momento consideraría como su verdadero padre. En la noche oscura, Dios había sido su caricia y su compañero de camino. Esta experiencia vital de que Dios es un Padre, se convierte en el motor de su vida y de su espiritualidad.

Y lo dejó escrito de una manera magistral en este libro titulado “Vayamos al Padre” que hoy nos acompaña desde esta urna, y que es un comentario al padre nuestro. Escuchemos algún párrafo: “El Señor te observa con suspiros de amor, mejor que un padre que cuenta los latidos del niño que duerme”. “Recorre el camino de la vida con amor, porque Dios es para ti el mejor Padre”.

 

CARTA DE DON GUANELLA

Don Guanella había confiado siempre en la Providencia Si Dios es un padre Bueno, no puede dejar de proveer a sus hijos, de cuidar de cada uno de ellos. Así dice en la carta escrita en Milán el 14 de febrero de 1901 y que tenemos aquí entre sus reliquias:
¡Dese cuenta un poco que es el Señor quien le conduce…! ¡Déjese guiar por los caminos de la divina Providencia y siga la voz del corazón, en cuanto es voz de Dios, … y para cumplir la verdad del proverbio: mejor una vela delante que dos detrás”.

Una fe sin peros en la Providencia que viste a los lirios del campo mucho mejor que la firma más famosa de vestidos. Pero quien tiene fe en la Providencia no se echa a dormir, no se cruza de brazos. Quien tiene fe trabaja como un burro (y es una expresión guaneliana: a sus primeros sacerdotes les llamaba ‘burritos’). Y sin embargo, quien cree en la Providencia, después de haber trabajado como un burro y de haberse deslomado por los demás, sabe a ciencia cierta que el Señor suplirá lo que él no ha podido. “Hasta medianoche, trabajo yo; luego que la Providencia se preocupe de todo lo demás”, repetía con frecuencia el padre Guanella.

  Al final de su vida, abiertas muchas casas, acogidos muchos necesitados, reconocida su tarea por la propia Iglesia, por sus paisanos, por las autoridades civiles, por la sociedad, repetía como un salmo: “No soy yo, es Dios quien lo hace todo”. La conciencia de la propia pequeñez es el detonante para que Dios se convierta en alfarero de nuestra alma. La gratitud es la semilla que suscita nueva caridad. Don Guanella tiene una expresión genial: “Dios es el que hace. Yo he sido su marioneta. El títere de su Providencia. Dios movía los hilos de mis brazos, de mis pies, de mis dedos, de mis labios. Dios lo hacía todo”.

En el bolsillo agujereado de Don Guanella, se podía encontrar de todo menos dinero. Había mucha confianza en la Providencia, un rosario y una agenda en la que llevaba escritos los nombres de sus amigos (los bienaventurados del Evangelio, los excluidos, los pobres, los que sufren…).

 

SU LIBRO: “EN EL MES DE LAS FLORES”

La devoción a María atraviesa toda su vida y tiene sus raíces en su familia y desde su más tierna infancia. La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María marcaron su devoción en sus años de formación, convirtiéndose la Inmaculada en su gran amor, aunque otro título cobra fuerza y está en consonancia con su espiritualidad sobre la paternidad y su providencia: Madre de la Divina Providencia, mediadora entre Dios y nosotros como nos dice en el libro sobre María que escribió en 1884, aquí presente entre sus reliquias, y que lleva por título “En el mes de las flores”: “Tú, para estar más seguro de ser escuchado, interpón la mediación de María”. “Cuando vas a suplicar al Altísimo, comienza por encomendarte a María bendita”. “María como madre universal, se preocupa de todos con inmensa solicitud. Provee a sus hijos y obtiene todo para todos”.

¡Qué dicha ver cuánto amor y cuánta devoción tienen ustedes a la Virgen! ¡Qué afortunados somos de estar bajo la protección de la Virgen, como nos repetía San Luis Guanella!

 

BONETE

Así vestían los sacerdotes de aquel tiempo. Llevaban en la cabeza esta especie de gorra que nos recuerda su vocación de padrecito. Un deseo madurado desde su infancia. Escribía el día de su ordenación sacerdotal: “quiero ser espada de fuego en el ministerio santo, quiero ser sal de la tierra”. No una espada que hiriendo mata, sino que, cauterizando las heridas, devuelve la salud. No la sal que destruye los campos y los hace estériles, sino la sal que da sabor a las comidas y conserva los alimentos. ¡Qué diferencia!

Tenía tan solo 23 años. Y empezó a ser no un sacerdote de sacristía, sino, en expresión del papa Francisco, un cura con olor a oveja. Un cura samaritano.

 

 

CONCLUSIÓN

Termino con unas palabras del libro de mi amigo Bautista: “Luis Guanella, corazón de padre”. “Sería una imperdonable distracción aclamar a este hombre como santo, venerar sus reliquias, llevar su nombre, y no desear imitarlo, ir tras sus huellas, ser anunciadores, en medio de un mundo inhumano, de la buena noticia que este padrecito evidenció con todas sus fuerzas”.

Si como ha dicho un guaneliano, “las auténticas reliquias del santo Guanella, son su espíritu y los pobres”, no podemos ser sus imitadores si pasamos delante de los que sufren sin ayudarlos. Este es además el único pasaporte válido que nos abrirá las fronteras del cielo.  

(Reflexión a partir de sus reliquias de P. Andrés García Velasco, SdC)

Última actualización el Miércoles, 24 de Junio de 2015 23:30