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Una bonita experiencia Imprimir E-mail
 Laicos españoles en peregrinación

 Aprovechando que celebramos el centenario de la muerte de San Luis Guanella y 50 años de presencia guaneliana en España, un pequeño grupo de laicos de Palencia y de Madrid, coordinados por el padre Teo, quien a la postre fuera nuestro guía, nos propusimos a principio de año, hacer un viaje por Italia, para conocer los lugares donde Luis Guanella vivió intensamente su vocación sacerdotal y llevó a cavó su caritativa obra.

La tarde del 3 de agosto partíamos del aeropuerto de Madrid con destino Bérgamo, donde nos esperaba la furgoneta de alquiler, que se convirtió en nuestra compañera inseparable de aventuras por tierras guanelianas. Nuestro primer destino fue Como, flanqueado por montañas y su bonito lago, lugar donde pernoctamos durante nuestra estancia por tierras italianas, a excepción del día que lo hicimos en Gualdera, un hermoso lugar rodeado de montañas al lado del pueblo natal de Luis; Fraciscio y su torrente Rabbiosa, cómplice de aventuras y desventuras del travieso Luisito.

Gualdera, es un bello lugar rodeado de montañas, donde todo es armonía y se respira aire puro y mucha, mucha paz. Quizás por ello, es aquí donde Luis, en el día de su Primera Comunión, siente que la Virgen le susurra de forma dulce y misteriosa la misión que le espera en el futuro.

Paseamos por las calles de Fraciscio y celebramos la Eucaristía en la capillita que alberga la casa natal de Luis Guanella. Visitamos Nuovo Olonio, Campodocino; aquí recibió Luis El Bautismo, hizo la 1ª Comunión y fue Confirmado. El pueblecito de Prosto, lugar éste, en el que Luis celebró su primera misa. Subimos a Olmo por su empinada y estrecha carretera, donde nuestro fundador sufrió el sabor amargo del vacío y aislamiento por parte de sus inmediatos superiores; sin duda, uno de los momentos más amargos de su vida.

Celebramos la misa el domingo anterior a nuestro regreso a España en Pianello del Lario. Este fue el lugar de inflexión desde donde parte su gran obra, secundado por un grupo de religiosas, legado de su predecesor, el sacerdote don Coppini. Desde aquí partiría la barquichuela de madera que llegó a Como un 6 de abril de 1886 para expandir su obra.

Y, por supuesto, Como. Aquí rezamos al pie de las tumbas de San Luis Guanella y la beata Clara Bosatta, en el Santuario del Sagrado Corazón. Pero he de reconocer, que nuestro mayor reto desde el principio, fue Savogno. Su escarpado sendero de acceso, hizo replantearnos en más de una ocasión el incluirlo, o no, en nuestro trazado. El bello, pero duro sendero que asciende hasta Savogno, parte desde Borgonuovo, allí donde las aguas que fluyen desde lo alto de las montañas que contemplan Savogno, se hacen mansas al precipitarse por una espectacular cascada.

Con la mochila a la espalda y bastón en la mano, vamos sorteando con mucho ánimo las primeras rampas y escalones que conducen hacia nuestro ansiado destino. No tardamos en comprobar la dureza del ascendente camino: el pulso se acelera por momentos, la respiración se hace más pesada y, nuestras piernas, poco acostumbradas a estos abruptos lugares, se resienten del esfuerzo en cada paso. De pronto, un suave murmullo, como de agua que golpea al caer, se va dejando sentir con más intensidad a medida que vamos ascendiendo. ¡Qué alivio!, es una fuente que invita a tomarnos un respiro a la sombra de castaños, hayas y nogales, donde, alguna curiosa ardilla nos observa mientras recargamos las cantimploras y nos refrescamos antes de continuar el empinado camino. Una vez recobrado el aliento, seguimos sorteando los firmes escalones que, en multitud de ocasiones, grabara sus huellas un joven Guanella en los años que ejerció como párroco de nuestro ya, más cercano destino. A medida que seguimos ascendiendo y los valles se tornan más profundos y bellos, la dureza del camino va haciendo mella en cada uno de nosotros, hasta el punto, que se hace necesario una palabra de aliento para levantar el decaído ánimo de algún compañero de camino.

Pero unos pasos más adelante, dentro de una hornacina cavada en la roca, una bella imagen de la Inmaculada sale a socorrernos. Con su dulce mirada parece decirnos: ¡vamos, un esfuerzo más y lo conseguimos! Nos tomamos un respiro en su presencia, al tiempo que, entonando un silencioso Ave María, buscamos algo en el fondo de nuestras mochilas para recobrar las energías. Aliviada en parte nuestra fatiga y con el ánimo renovado, continuamos ascendiendo lentamente al tiempo que la belleza que nos rodea se convierte en placer para nuestros sentidos.

De pronto el camino se bifurca en dos. Tomamos el sendero que gira a nuestra derecha, guiados por una tablilla de madera en forma de señal que no indica la dirección de nuestro destino. Y, ante una suave brisa que refresca nuestros rostros al tiempo que ondea suavemente las tiernas ramas de los árboles que nos protegen del cálido sol de este espléndido día, alguien grita con entusiasmo: ¡Hemos llegado! Por fin, estamos en Savogno, ahora toca disfrutar. Dejamos nuestras mochilas y bastones junto al murallón de piedra que levantó Luis Guanella frente a la iglesia y la casa parroquial, desde donde se dominas los profundos los valles y, mirando hacia lo alto, podemos apreciar la hermosura de estas montañas y, cómo las blancas nubes acarician sus cumbres al pasar. Una foto de grupo, una breve oración de gracias en la iglesia y a continuar.

Es difícil explicar en pocas palabras, la belleza y agradables sensaciones que se perciben al pasear por estas estrechas y empinadas calles flanqueadas por sus casa empedradas, con sus fachadas ataviadas de flores, que cuelgan de sus balcones o asoman por sus puertas y ventanas. En la pradera aledaña, se mantiene aún firme el lavadero que nuestro querido Luis levantara, para hacer más llevadera a tantas mujeres, esa dura tarea cotidiana. Y, para nuestro deleite, el murmullo de su imponente cascada, que se desliza bajo el puente, se mezcla con el alegre canto de los pajarillos y aromas silvestres que en esta época del año pueblan la montaña.

Bien, y después de una reposada comida, con siesta incluida para algunos, mientras otros seguíamos disfrutando del espectáculo natural, cargamos nuestras mochilas al hombro y retornamos hasta el lugar de partida, con nuestros cuerpos cansados, pero el espíritu a rebosar.

                                            José Luis Martínez

PD. Desde estas líneas, nuestro agradecimiento al padre Teo y a toda la comunidad guaneliana por haber hecho posible esta bonita experiencia. Y un recuerdo muy especial, para la familia de Tema y Giorgio por su acogida y hospitalidad.

FOTOS RECUERDO

 

Última actualización el Domingo, 01 de Noviembre de 2015 12:56