YOOtheme
Imprimir E-mail


 

P. Alfonso Martinez es un religioso guaneliano. Actualmente se encuentra destinado en México.

Desde la oración diaria a Dios y de su pasión por la música surgen estas composiciones íntimas en las que pone música a los himnos más conocidos de la Liturgia de las Horas.

Estas canciones, no han sido recogidas en un disco. La grabación es casera, pero queremos igualmente compartirlas desde la sencillez y la alegría de quien comparte lo que tiene con amor.

Dice San Agustín:
"Pues aquel que canta alabanzas,
no solo alaba,
sino que también alaba con alegría;
aquel que canta alabanzas,
no solo canta,
sino que también ama a quien le canta.
En la alabanza
hay una proclamación de reconocimiento,
en la canción del amante hay amor..."

Himnos y salmos para orar

Amantes

Amantes,
caminantes,
alma, vida y libertad.
Amantes,
Dios es grande,
yo le doy y Él me da.

(canon)                 


Ando por mi camino pasajero

Ando por mi camino, pasajero,
y a veces creo que voy sin compañía,
hasta que siento el paso que me guía,
al compás de mi andar, de otro viajero.

No lo veo, pero está. Si voy ligero,
él apresura el paso; se diría
que quiere ir a mi lado todo el día,
invisible y seguro el compañero.

Al llegar a terreno solitario,
él me presta el valor para que siga,
y, si descanso, junto a mí reposa,
invisible y seguro el compañero.

Y, cuando voy a subir al monte
(Calvario lo llama él), siento en su mano amiga,
que me ayuda, una llaga dolorosa.
Ando por mi camino, pasajero.

Gloria a Dios Padre, al Hijo y al Espíritu,
como era en el principio ahora y siempre,
gloria a Dios Padre, al Hijo y al Espíritu.
Ando por mi camino, pasajero. Amén

Ave María

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo
y bendita tú eres
entre todas las mujeres.

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. (bis)

Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora
de nuestra muerte. Amén.

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. (bis)

Cuando la luz del sol es ya poniente

Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.

Buenas noches, Señor.
Buenas noches, mi Dios.
Buenas noches, Señor.
Buenas noches.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día.

Buenas noches, Señor.
Buenas noches, mi Dios.
Buenas noches, Señor.
Buenas noches.

Cristo del calvario

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a pedirte por mi carne enferma;
pero al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

Escrito por Gabriela Mistral

Cristo jardinero

Hoy que sé, que mi vida
es un desierto, sin una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura
sea en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon, Señor, tu cuerpo y tu palabra
en el desierto de mí corazón. Amén.

Dame tu mano María

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: “Ave María”?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores
playa de los pecadores,
nido en el que el alma reposa,
a ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.   Amén.

En tierra extraña peregrinos

En tierra extraña peregrinos,
con esperanza caminamos,
que, si arduos son nuestros caminos,
sabemos bien a dónde vamos.

En el desierto un alto hacemos,
es el Señor quien nos convida,
aquí comemos y bebemos
el pan y el vino de la Vida.

Para el camino se nos queda
entre las manos, guiadora,
la cruz, bordón, que es la vereda
y es la bandera triunfadora.

Entre el dolor y la alegría,
con Cristo avanza en su andadura
un hombre, un pobre que confía
y busca la ciudad futura.     Amén.

Estate Señor conmigo

Estate, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y, cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas. (bis)

Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas. (bis)

Por eso, más que a la muerte,
temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. (bis)


Estrella de mi oración

¡Oh llama de amor viva!
¡Oh estrella de mi oración!
Eres tú, Señor del alma, mi medicina.
Eres tú, Señor del alba, mi alegría.

(canon)

Gracias Señor por la aurora

Gracias, Señor, por la aurora;
gracias, por el nuevo día;
gracias, por la Eucaristía;
gracias, por nuestra Señora:

Y gracias, por cada hora
de nuestro andar peregrino.

Gracias, por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.


Himno a J. de Palafox

“Mi amor, Jesús, está crucificado”:
no busco ya otra gloria, otro camino;
seré yo sacerdote de su gracia,
ministro de su cruz y señorío. (bis)

A Cristo, Buen Pastor, el Hijo amado
cantamos por un siervo esclarecido,
obispo humilde Juan de Palafox,
a fuego de oración y amor batido.

Tu vida fue dolor y providencia
por Dios desde el bautismo protegido;
y si un fugaz engaño te sedujo,
volviste al buen camino arrepentido.

Que no es en vano hacerme sacerdote,
sublime honor por Dios establecido,
y muera yo, si fiel no voy a ser,
ardiendo en el amor por él prendido.

La Nueva España fue tu vocación
y Puebla será dentro tu latido,
tu flor, la catedral y el seminario,
y el pobre de Jesús, tu preferido.

Beato nuestro, Juan de Palafox,
de fe, de ciencia y arte todo ungido,
es tu memoria bálsamo y aliento,
y ayer y hoy Jesús, amor transido.

¡Honor a Jesucristo, eterna Pascua,
en medio de su pueblo acontecido;
a ti la vida eterna y todo amor,
oh Cristo, por los siglos bendecido!

Escrito por Rufino Mª  Grández Lecumberri OFMCap


Llama de amor viva

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

¡Oh llama de amor viva,
cuán delicadamente me enamoras!

Escrito por San Juan de la Cruz


No estoy yo solo

Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo, no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo, no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo, no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las mañanas,
no estoy yo solo, no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo, no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo, no estoy yo solo.

Me acompaña en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.


No me mueve mi Dios

No me mueve mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves. Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme en fin, tu amor de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera

y aunque no hubiera cielo yo te amara.

No me tienes que dar por que te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera,
lo mismo que te quiero te quisiera.

 

(Esta joya de la mística castellana permanece anónima, sin embargo hay razón para atribuírsela a San Juan de Ávila otros la atribuyen a Fray Miguel de Guevara)


Pastor que con tus silbos amorosos

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado dese leño
*en que tiendes los brazos poderosos, (bis)

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño
*tus dulces silbos y tus pies hermosos. (bis)

Oye, Pastor que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres;

espera, pues, y escucha mis cuidados.
*Pero, ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados? (bis)

Escrito por Lope de Vega

Quédate conmigo

Estate, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y, cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas. (bis)

Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas. (bis)

Por eso, más que a la muerte,
temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. (bis)

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

*¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana! (*bis)

Amén

Escrito por Lope de Vega      

Salmo 130

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. (bis)

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.       Amén.

 

 

Solo desde el amor

Sólo desde el amor
la libertad germina,
sólo desde la fe
van creciéndole alas.

Desde el cimiento mismo
del corazón despierto,
desde la fuente clara
de las verdades últimas.

Ver al hombre y al mundo
con la mirada limpia
y el corazón cercano,
desde el solar del alma.

Tarea y aventura:
entregarme del todo,
ofrecer lo que llevo,
gozo y misericordia.

Aceite derramado
para que el carro ruede
sin quejas egoístas,
chirriando desajustes.

Soñar, amar, servir,
y esperar que me llames,
tú, Señor, que me miras,
tú que sabes mi nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo,
como era en el principio,
por los siglos. Amén

 

Coda: Sólo desde el amor


Te está cantando el martillo

Te está cantando el martillo,
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios de esta dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
Decid, si preguntan dónde,
que Dios está, sin mortaja,
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.


Te diré mi amor, Rey mío

Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.

Gloria, gloria. (bis)

Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.

Gloria, gloria. (bis)

Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle!

Amén, amén.

Gloria, gloria. (bis)

Escrito por Rufino Mª  Grández Lecumberri OFMCap    

Vuestra soy, para vos nací

Vuestra soy, para vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí? (bis)

Vuestra soy, pues me criasteis;
vuestra, pues me redimisteis;
vuestra, pues que me sufristeis;
vuestra, pues me llamasteis;
vuestra, porque me esperasteis;
vuestra, pues no me perdí;
¿Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿Qué queréis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar;
si mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid, dulce Amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Escrito por Sta. Teresa de Jesús

 

Las canciones no se pueden descargar de la web, solo pueden ser escuchadas, pero si te interesa alguna no tienes más que pedírsela a su autor
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .

 

P. Alfonso como peregrino en el Camino de Santiago

P. Alfonso con su guitarra y un grupo de jóvenes aspirantes del Seminario de México

Última actualización el Miércoles, 11 de Mayo de 2011 19:44