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El arte de acompañar al fin de la existencia PDF Imprimir E-mail

Los días 23 y 24 del mes de octubre, en la ciudad de Buenos Aires (Argentina) tuvo lugar un Congreso Iberoamericano: "El arte de acompañar al fin de la existencia". Dicho Congreso fue promovido por el director de la Pía Unión del Tránsito de San José de la Congregación Siervos de la Caridad.

El Congreso, al que participaron alrededor de 500 personas, se desarrolló en torno al tema del final de la vida o como se dijo en más de una ponencia, en torno al final de la existencia terrena. Visto desde distintos puntos de vista (psicológico, médico, asistencial), desde diversas circunstancias e incluso desde diversos momentos de la vida humana (tratándose en particular en la etapa de la infancia).

Muchos fueron los estímulos y las enseñanzas que sacamos de la participación en este Congreso que serán publicadas en distintos medios tanto de la Pía Unión de Buenos Aires como de España.

 Lo que enseguida ponemos a disposición es el saludo que P. Alfonso, Superior General de los Siervos de la Caridad, dirigió a los participantes. Su discurso nos ayuda a entrar en el tema desde una visión cristiana y en particular guaneliana.

A todos los presentes en el Congreso que lleva como título “El arte de acompañar al fin de la existencia”, les expreso mi saludo y aprecio.

Esta iniciativa ofrece a los miembros del Pía Unión del Tránsito de San José, a la comunidad educativa y parroquial, y a la sociedad en general, la posibilidad de afrontar un tema muy importante y actual como es el del acompañamiento al fin de la existencia terrena , la muerte, con todos los problemas de carácter humano, jurídico y espiritual que conlleva.

Una de las tareas de Pía Unión es justamente la de tener vivo en los cristianos y en todos los hombres de buena voluntad, el valor de la vida humana desde el nacimiento hasta su natural desenlace final. Don Guanella nos repetiría hoy: "Es muy importante vivir bien, más importante aún es morir bien."

Con este importante Congreso ustedes actualizan el espíritu de nuestro Padre Fundador quien, después de haber dedicado toda su vida a socorrer a los pobres más abandonados, al final de su vida, pocos años antes de morir, entendió que el hombre que, con la muerte se presenta a Dios, tiene que ser asistido, porque ese momento resume toda la vida y es el más importante.

Pienso que, si hace cien años fue una buena iniciativa la creación la Pía Unión del Tránsito de San José a favor de los agonizantes y para acompañar a los moribundos con la oración y con la cercanía humana, a mayor razón es necesario intensificar hoy este empeño, porque a menudo se llega a la muerte sin el consuelo de la fe y de los Sacramentos y a veces también lejos del cariño de los seres más queridos. Hoy el horizonte de esta iniciativa y de esta intuición se ensancha, no sólo porque todos tenemos que afrontar la muerte, sino porque, en este momento y en la cultura globalizada, se ha creado alrededor de la muerte una situación muy diferente de la que vivió don Guanella.

Está difundiéndose la cultura de la marginación de este acontecimiento crucial de nuestra vida. Queremos alejar a la muerte pero, así, alejamos a quien está muriendo. Queremos someter a la muerte a nuestra libertad, decidiendo cómo queremos morir. Es una cultura, lo sabemos, que no acepta el misterio, pretendiendo más bien dominarlo. Por lo tanto, es preciso hoy - y agradezco de corazón a quienes han organizado este Congreso - entrar en la cultura actual, en el mundo moderno, en los problemas de hoy, con la misma sensibilidad, con la misma pasión con la cual don Guanella supo afrontar los problemas de su tiempo. Y nosotros sabemos que él, ante los problemas humanos y sociales de su tiempo, no rechazó nunca, más bien interpeló constantemente al mundo de la ciencia y a todos los que pudieron dar una ayuda para hacer más humana y digna la vida de las personas. Su intuición, como carisma recibido de Dios Padre, ha sido el de sentir a todos, especialmente a los más pobres y desamparados, como hijos amados de Dios.

La obra don Guanella, nacida de su profundo sentido de fe y amor para con el hombre, no es solamente una obra asistencial, sino que es una obra de evangelización y también una obra educativa. Nosotros queremos educar el corazón de las personas, formar las conciencias y es muy oportuno realizar un evento de esta naturaleza en un centro educativo y pastoral. Pienso que éste es un momento muy importante para entrar en nosotros mismos y preguntarnos en qué puede educarnos la muerte, cómo podemos educar a todos a aceptar la muerte, que es a la vez misterio y realidad, o sea algo "nuestro", que afecta lo más íntimo de nuestro ser como creaturas e hijos de Dios.

Aprecio mucho que entre los objetivos de este Congreso esté el de la educación y el de proponer caminos concretos que nos lleven a asumir comportamientos humanos y cristianos ante la enfermedad y la misma muerte, para que la intuición de don Guanella, fundada en la fe en Dios Padre bondadoso, pueda, como dice el Papa Benedicto, iluminar nuestra razón y nuestros comportamientos, para que sean más humanos, en el sentido de aquella humanidad que nosotros los cristianos creemos haber recibido porque Dios ha venido entre de nosotros y ha querido morir como nosotros, entregando su vida por amor. Vuestro empeño de estos días se une al empeño de otras Comunidades guanellianas, como por ejemplo la de Estados Unidos, que se propone hacer de la Pía Unión del Tránsito de San José, el centro de la difusión de su devoción y de la promoción de la vida, especialmente donde ésta es menos considerada y peligrosamente amenazada.

Durante el Congreso de Roma realizado en enero de 2008, el responsable de la Pía Unión de Estados Unidos dijo: "En nuestra sociedad surge espontánea la pregunta: ¿cuál es el sentido y el alcance de la misión de la Pía Unión de San José por los Agonizantes? ¿Es una invitación a la resignación o un estímulo sobrenatural que nos tiene que empujar a la acción? Creo de no equivocarme si afirmo que el ministerio de la Pía Unión del Tránsito de San José puede ser comparado a una inyección diaria de antibiótico en el cuerpo enfermo. Esta terapia produce una reacción en cadena, que se propaga de célula en célula, que purifica, que conforta, que consuela, que da confianza. Ayuda a alzarse, a dar un sentido a la vida, al sufrir y al morir. Si no sana las heridas físicas, ella ciertamente sana las heridas de la mente y del espíritu. Ayuda a sentir la necesidad de Dios, a agarrarse de su mano y gritarle: "¡Señor, ayúdame! Estoy hundiéndome! ", para luego sentirse atraído y levantado hasta Él. El ministerio de la Pía Unión del Tránsito de San José se convierte en una inyección de optimismo. El mundo que nos rodea necesita optimismo”.

Esto deseo de corazón a todos los presentes en el Congreso y para toda su vida, junto con mi profundo agradecimiento a todos los que han tenido la bellísima idea de llevar a cabo esta iniciativa en el histórico y prestigioso Instituto San José y en la sede Nacional de la Pía Unión, en la Capital Federal Argentina.

Padre Alfonso Crippa
Superior General de los Siervos de la Caridad

Última actualización el Lunes, 30 de Noviembre de 2009 12:51