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El alma y el secreto de la Obra es la confianza en la Providencia.

Don Guanella 

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Conclusiones del Congreso: "El arte de acompaar en el encuentro con la muerte"

El Congreso, en el que han participado 250 profesionales directamente relacionados con el acompañamiento de enfermos en la fase terminal de su vida, ha profundizado sobre el tema: “El arte de acompañar hacia el encuentro con la muerte”. Las aportaciones de los expertos y la colaboración de todos los participantes en los trabajos de grupo han permitido compartir experiencias significativas y hacer surgir muchas reflexiones importantes. Ponemos de manifiesto algunas de ellas.
Consideramos que el camino hacia la muerte es una fase más de la vida, digna de un acompañamiento  especial. Quien ya está cercano a la muerte sigue siendo un ser humano vivo con su dignidad, sus derechos y su necesidad de sentirse lo mejor posible, lo mismo que cualquier otra persona.
A pesar de que somos conscientes de que en la sociedad actual existe una tendencia muy extendida a esconder y rechazar la muerte, reconocemos y valoramos los signos positivos de atención y cuidado hacia la persona que muere en muchas de las realidades en las que trabajamos. El entusiasmo con que se ha acogido la propuesta del Congreso y la participación activa en los trabajos de grupo, así lo atestiguan.
Para un adecuado acompañamiento de la persona que se acerca a la muerte, creemos que es prioritario ocuparse de sus necesidades físicas, procurando al enfermo el máximo nivel de bienestar posible. La atención diligente, la escucha que empatiza con el enfermo y comparte sus padecimientos, harán posible que nos demos cuenta de sus vivencias emotivas, muy a menudo intensas y difíciles en el camino hacia la muerte, y también de las exigencias espirituales, para entender mejor cómo ayudarle a aliviar su sufrimiento.
Además de la relación humana y terapéutica con el enfermo, creemos que es indispensable prestar atención también a las necesidades de la familia y del personal sanitario. Hemos comprobado que la familia se encuentra a menudo perdida en su tarea de ayudar a un ser querido gravemente enfermo o en fase terminal. Precisamente por esto, la familia tiene necesidad de apoyo humano y pastoral. Por este mismo motivo, también el personal sanitario precisa de ayuda para afrontar la pesada carga física y afectiva que el trabajo asistencial comporta; una adecuada formación humana y relacional, como complemento a sus capacidades técnico-profesionales, es cuanto reclaman.
Porque reconocemos la variedad de las necesidades del enfermo y de los familiares, valoramos las múltiples actuaciones profesionales: trabajadores sanitarios y sociales, voluntarios, agentes pastorales. Sólo la unión comprometida de muchos puede conseguir respuestas idóneas para la compleja tarea y los desafíos que comporta el acompañamiento hasta la muerte. Este trabajo en equipo revierte en beneficio de los mismos trabajadores.
Estamos de acuerdo en que la humanidad y la profesionalidad del personal sanitario son la primera condición para hacer más humano el tiempo del morir y los ingredientes que pueden favorecer en el enfermo y en sus familias la aceptación gradual de la muerte y la apertura a los valores espirituales y a la trascendencia.
Apoyamos la difusión de la cultura de los cuidados paliativos en todas las realidades existenciales. Cuando la terapia directa sobre la enfermedad ya no es posible, y sólo se puede tratar el dolor y otros síntomas, cobra mayor importancia aún el aspecto relacional: la presencia, la escucha, el contacto físico... Somos conscientes de que el enfermo es sujeto activo en esta relación y queremos poner en práctica un modelo de “alianza terapéutica” que promueva el recíproco enriquecimiento entre la persona que da asistencia y la que la recibe.
Como creyentes, comprobamos que el mensaje cristiano del amor al prójimo es un recurso precioso para mejorar nuestra presencia junto a la persona cercana a la muerte. Los grandes santos de la caridad, como el beato Luís Guanella, son en este aspecto un ejemplo para nosotros. Estamos firmemente convencidos de que la fe en Jesucristo muerto y resucitado, ilumina y sostiene nuestro vivir, con la perspectiva de la “gran esperanza” de la vida después de la muerte.