Todos tienen su tiempo para recuperarse de la drogaHoy queremos compartir con vosotros la experiencia que está llevando acabo un guaneliano, el P. Bassano Pirovano. P. Bassano llega a Chiavenna en la provincia de Sondrio, al norte de Italia en 1978, y es entonces cuando empieza a encontrarse con personas que, atrapadas por la droga, luchan por seguir adelante. En 1981, el Superior Provincial pide al P. Bassano que cambie de casa. Sin embargo, éste no acepta la propuesta porque tiene una gran inquietud y muchas ganas de hacer algo con y para estas personas con problemas, rechazadas o marginadas por la sociedad. Parecen ser los nuevos pobres que llaman a la puerta de las casas de los guanelianos. Los superiores no creen que la congregación esté preparada para afrontar estas nuevas necesidades de manera adecuada y tampoco creen que el P. Bassano, en particular, pueda dar una respuesta al problema. Esta situación le crea incertidumbre. Por una parte quiere seguir el camino indicado por los superiores, pero mantiene una lucha interna porque quisiera seguir los pasos que, a su entender, Dios le indica. Se encuentra desorientado. Esta situación duró poco tiempo porque, unos días después, una de las primeras chicas que el P. Bassano había atendido sufrió un accidente de coche y murió en el acto. El accidente no se debió al tráfico sino a la ingente cantidad de droga consumida. Así que el P. Bassano se toma este hecho como una llamada a tener muy en consideración este problema y a ocuparse de las personas sumergidas en este mundo de la droga. Empieza acogiendo a personas en su casa, la de su familia, en Erba, una pequeña ciudad en la provincia de Como, norte de Italia. Hoy en día, P. Bassano, con sus colaboradores, ayuda y da consejo a 30 residentes, todos ellos cercanos a la recuperación. Además, ofrece apoyo a numeroras personas y familias que viven en contacto con el problema. También desarrolla actividades de información sobre la tóxico-dependencia y el alcoholismo e instruye sobre la prevención. El Techo Fraterno, que así se llama, quiere ser un lugar donde cada persona se esfuerza por olvidar su pasado angustioso y por reencontrar la serenidad. En el Techo Fraterno no hay prisas, todos tienen su tiempo; el tiempo cura y ayuda a reestablecer los valores del respeto a uno mismo y a los demás, del querer dar sin esperar nada a cambio, del saber escuchar. La pequeña iniciativa de entonces es hoy una Cooperativa formada por socios que constituyen su apoyo económico y promocional. El Techo Fraterno es hoy un centro concertado y reconocido por la administración regional.
Eugenio Protasoni
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