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Yamir Joseph vivía en el Cairo y todas las noches tenía el mismo sueño. Soñaba con un hombre mojado, desnudo, con una moneda en la boca que le decía: ‘Yamir, tu fortuna está en Teherán; tienes que dejarlo todo e irte a Teherán’. Una semana, un mes, un año… ¡Siempre el mismo sueño! Finalmente, Yamir cogió su maleta y se marchó. Llegó a Teherán al atardecer, justo en el mismo momento en que llegaban a la plaza unos ladrones. Los ladrones se llevaron todo; dejaron dos o tres muertos y escaparon. Cuando llegó la policía solo quedaba Yamir, ahí plantado como un tonto, en medio de la plaza. La policía lo detuvo; durante tres días las palizas se sucedieron, hasta el punto de que perdió 18 kilos. Después de una semana llegó el jefe de la policía para interrogarlo y Yamir le dijo: ‘Es culpa del sueño’. Y el Jefe le miró sonriendo y le dijo: ‘Yamir, pero tú no tienes que creer en los sueños. Los sueños son una falsedad, son mentira. Imagínate que yo hace ya un año que sueño con un jardín, un jardín con un reloj de sol, y detrás del reloj un pozo, y detrás del pozo un seto, y detrás del seto un inmenso tesoro. Si hubiese creído en ese sueño habría salido a buscarlo y, sin embargo, no me he movido. Es una bobada. No hay que pensarlo. Te veo mal, muy mal. Ahora digo que te cuiden, te recuperas y después de una semana te vas a casa’. Y así fue. Después de una semana Yamir volvió a casa. Fue inmediatamente a su jardín; vio el reloj de sol; tras él, el pozo, después el seto y luego, allí, encontró el inmenso tesoro. Este cuento es una poesía que un conocido cantautor italiano pone al final de una de sus canciones. Me gusta porque cada uno de nosotros puede identificarse, o bien con el jefe de policía, o bien con Yamir. ¿Y tú con quién de los dos personajes te identificas? Quizás con Yamir porque es el ganador, es la persona que sale ganando. Pero en la vida, ¿crees en lo que sueñas, tienes suficiente esperanza para creer que tus sueños se realizaran un día? ¿Y crees que para ello tienes que luchar? La vida es una continua búsqueda del Tesoro: Dios, el verdadero Tesoro, espera que un día tú lo puedas encontrar. ¡Cambiará tu vida! No dejes de soñar con encontrarte con Él, y no seas tan superficial que pienses que los que creen en los sueños son tontos…
Eugenio Protasoni
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