Acción de gracias en un centenario luminoso. El pasado 24 de marzo, la Congregación de los Siervos de la Caridad, fundada por don Luis Guanella, cumplió cien años. Para festejar tan jubilosa efeméride, se celebró en la parroquia madrileña de San Joaquín una misa solemne, oficiada por el presidente de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Alejandro Fernández Barrajón. Esta conmemoración destacó por el ambiente festivo y gozoso de todos los fieles participantes: personas próximas a esta parroquia del madrileño barrio de San Blas, hermanas guanelianas y numerosos amigos que habían llegado esa misma mañana desde Palencia.
Una celebración participativa en la que cabe destacar dos momentos: el primero fue el de la renovación de los votos por parte de los religiosos guanelianos presentes, y el segundo, la emotiva colocación y bendición de la imagen de San Joaquín al lado del altar mayor.
Publicamos, a continuación, las palabras de la homilía del P. Alejandro Fernández Barrajón
*** Estamos de júbilo. Celebrar cien años de una familia religiosa es hacer realidad la profecía de Gamaliel en los Hechos de los Apóstoles: “Si es cosa de Dios, seguirá adelante de cualquier manera; si es cosa de los hombres, se acabará muy pronto”. Pues parece que esta obra guaneliana es cosa de Dios porque cumple cien años llena de frescura y de empeño por seguir adelante y por ser propuesta evangélica de calidad. Es tiempo de dar gracias a Dios por esta experiencia que contempla el momento presente desde tres perspectivas.
En primer lugar con una mirada al pasado. En verdad Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres. El Papa Juan Pablo II en Vita Consecrata, número 110, nos dice: “Tenéis una gloriosa historia que contar; abríos al futuro hacia el que el Espíritu os empuja para seguir haciendo con vosotros obras grandes”. Los cien años vividos por los hermanos guanelianos confirman esta grandeza y la seguridad de que es el Espíritu de Dios el que está alentando esta obra al servicio de la Iglesia.
Es necesario, también, lanzar una mirada al presente para descubrir la realidad que nos acompaña, para estar dispuestos a seguir siendo hoy -y para los hombres y mujeres de hoy- una propuesta evangélica como consagrados. La vida consagrada no puede quedarse mirando atrás en una mirada nostálgica y cansada; está convocada a pisar la tierra de frontera, la periferia, en una oferta profética y valiente que quiere llegar a todos. El presente hemos de hacerlo iluminado, encarnado, gozoso, para que sea grato y pueda devolverse la inversión que hacemos en forma de felicidad y de fidelidad.
Este presente que nos toca vivir es el mejor de todos los tiempos, el nuestro, el único que podemos humanizar y evangelizar. Por eso hemos de huir de propuestas trasnochadas, de poner excesivo énfasis en las formas, en las respuestas de otros tiempos, para ser hombres y mujeres de rabiosa actualidad. Porque el evangelio es de hoy y para los hombres de hoy.
Y una mirada imprescindible hacia el futuro. Hacia ese futuro al que el Espíritu nos empuja para hacer con nosotros cosas grandes. Convencidos de que el futuro que ansiamos se construye en el presente que trabajamos. Sin renunciar nunca a la utopía, que es lo nuestro, al ideal supremo que nos convoca y al que nos hemos consagrado. Estamos agradecidos al Señor de este momento jubilar que nos está regalando. Convencidos de que al final “es Dios quien lo hace” como decía sabiamente el beato Luis Guanella, fundador de esta familia guaneliana.
El carisma guaneliano es hoy imprescindible en la Iglesia porque es del Espíritu y porque lo necesitan los más pequeños: promover y asistir la dignidad de todos los hombres y mujeres, en especial la de aquellos que padecen limitaciones físicas o psíquicas, y de aquellos que son socialmente discriminados. Un inmenso campo que trabajar porque son inmensas las necesidades y muchos los atentados contra la dignidad humana. Si la familia guaneliana consigue humanizar un pequeño espacio de la vida, todo se llena de sentido y el Evangelio se llena de razón. Don Guanella era un adelantado para su tiempo. Ya entonces, estamos hablando del final del siglo XIX, hablaba de dar pan y paraíso; es decir, de acompañar la espiritualidad de una verdadera encarnación.
Es necesario recordar hoy las palabras del Papa Pablo VI a los guanelianos en la beatificación del P. Guanella, el día 25 de octubre de 1964: “Vosotros sois la familia de Don Guanella; sois su gloria; sois su grandeza”. Y agregó: “La obra de Don Guanella es obra de Dios! Y si es obra de Dios, es maravillosa, es benéfica, es santa”.
Hermanos y hermanas, es necesario cuidar y alentar vocaciones consagradas al servicio del Reino que impulsen la vocación guaneliana de servicio. Familias que estáis aquí, acompañad a vuestros hijos para que estén atentos a las llamadas de Dios; jóvenes, abrid el corazón a los grandes valores de la vida, que están en el Evangelio. No os dejéis atrapar por lecturas de vuelo corto, por propuestas exclusivamente materialistas con fecha de caducidad. Estáis llamados a grandes cosas; no desperdiciéis tantos dones como Dios os ha dado en empresas de poca calidad humana y espiritual. Sed sembradores de lo infinito. La vocación guaneliana puede ser un cauce maravilloso para mostrar vuestro inmenso amor a aquellos que nadie ama.
Hoy la familia guaneliana está en 22 países, en Europa, África, Asia y América, en un deseo constante de servir más y mejor a los necesitados en nombre de Cristo. Que Dios nos siga acompañando y bendiciendo a todos. Felicidades, Familia Guaneliana; no dejéis de ser lo que sois.”
Alejandro Fernández Barrajón
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