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Hay que ser agradecidos con la Divina Providencia, correspondiendo a sus dones y cuidando el trabajo y la economía.

Don Guanella
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La Casa Santa Teresa fue inaugurada en 1977 por sor Lidia Pini, religiosa de las Hijas de Santa María de la Providencia, con las tres primeras mujeres con discapacidad intelectual. Actualmente, la Casa está formada por cinco hermanas (sor Marisa, sor Carmen, sor Luisa, sor Clelia y sor Matilde), 40 chicas con discapacidad intelectual y 15 profesionales laicos. La Casa se compone de un Centro Ocupacional y dos Casas-familia (Casa Clara y Casa Lidia), y su finalidad principal es la promoción de la persona con discapacidad en todas sus dimensiones.

Desde sus orígenes hasta hoy, el Centro Ocupacional ha cambiado significativamente, tanto en su organización como en su metodología, lo que ha favorecido que las chicas que asisten al Centro hayan progresado mucho en todas las áreas que conforman a la persona.

Con la llegada de Sor Marisa Roda a la dirección en el año 1998, se pasó de una intervención asistencial y proteccionista a un “sistema preventivo” de educación y rehabilitación, basado en una metodología más activa y participativa. La fe en las posibilidades de las chicas y la creencia en la dignidad de todas las personas ha permitido la introducción de pequeños cambios muy positivos a corto y largo plazo.

Uno de los cambios más importantes se produjo en el año 1999, y consistió en introducir en los talleres ocupacionales la realización de manipulados para empresas externas. Esto favorece la estimulación y desarrollo de aquellas capacidades que las chicas tienen en potencia.

El desempeño de una actividad laboral permite adquirir las habilidades laborales necesarias para acceder a un empleo con apoyo o empleo ordinario. Pero el trabajo no es sólo un fin sino un medio que facilita una atención habilitadora integral.

Así, en estos nueve años de realización de manipulados, se ha observado una grandísima evolución en las chicas. En el desarrollo personal, destacaría cómo las chicas han aprendido a tomar decisiones, a resolver problemas que surgen en los talleres, a descubrir y potenciar sus propias capacidades, a expresar sus pensamientos y sentimientos, a ser autónomas y responsables en su trabajo... lo que potencia su autonomía personal, su autoestima y equilibrio emocional.

Y en el desarrollo social, resaltaría la potenciación de valores como la ayuda, la escucha, el perdón, el respeto, la aceptación del compañero tal y como es, la interiorización de normas, el trabajo en equipo... cosas fundamentales para la convivencia grupal e integración social.

Dichas capacidades se ven estimuladas y potenciadas no sólo con la actividad laboral sino con un conjunto de “actividades” (pintura, música, deporte, economía doméstica...) que atienden a la globalidad de la persona. Y en general, cualquier momento en el Centro, como la comida y los descansos, son instrumentos para favorecer el crecimiento de las chicas.

Todos estos avances no se hubiesen conseguido si no existiese de fondo una buena organización técnica y un gran trabajo en equipo.

Los logros del presente, primero fueron objetivos plasmados en programaciones generales y planes individuales, y después evaluados semestral y anualmente. Por otro lado, existe una revisión diaria de cada chica, registrada en los partes de incidencias; y un seguimiento continuo por parte de todo el equipo interdisciplinar en reuniones quincenales.

Así, el esfuerzo del día a día tiene sus frutos en las chicas. Frutos como el sentirse miembros útiles de la sociedad con los trabajos que realizamos. Frutos como la felicidad de las chicas, al verse más aceptadas y tratadas de una manera más normalizadora por la gente que las rodea. Frutos como la satisfacción que les produce participar de forma activa en cada momento y en cada contexto en el que se mueven. Frutos como la aceptación de sí mismas, reconociendo sus límites pero con espíritu de sacrificio para superarse cada día más. En fin, frutos tan importantes como sentirse iguales, personas con sus derechos y sus deberes; sentirse una persona más dentro de su familia, de su entorno laboral, de su contexto social... sentirse PERSONAS CON CAPACIDADES.

Un camino largo que se construye día a día. Gracias a las pequeñas ideas innovadoras que se han ido introduciendo en la Casa Santa Teresa, se han conseguido grandes mejoras, pues no perdemos el espíritu de crecer y progresar. Así, los pequeños avances se convierten en grandes logros.


Maya Sánchez Jiménez
Responsable de los talleres de
la Casa Santa Teresa

Última actualización el Jueves, 21 de Agosto de 2008 09:46