Del discurso de BENEDICTO XVI  en la Asamblea General de la ONU Las cuestiones de seguridad, los objetivos del desarrollo, la reducción de las desigualdades locales y globales, la protección del entorno, de los recursos y del clima, requieren que todos los responsables internacionales actúen conjuntamente y demuestren una disponibilidad para actuar de buena fe, respetando la ley y promoviendo la solidaridad con las regiones más débiles del planeta. Pienso particularmente en aquellos Países de África y de otras partes del mundo que permanecen al margen de un auténtico desarrollo integral, y corren por tanto el riesgo de experimentar sólo los efectos negativos de la globalización…
Los derechos humanos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos. Así pues, no se debe permitir que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no sólo el hecho de que los derechos son universales, sino que también lo es la persona humana, sujeto de estos derechos. La vida de la comunidad, tanto en el ámbito interior como en el internacional, muestra claramente cómo el respeto de los derechos y las garantías que se derivan de ellos son las medidas del bien común que sirven para valorar la relación entre justicia e injusticia, desarrollo y pobreza, seguridad y conflicto. La promoción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más eficaz para extirpar las desigualdades entre Países y grupos sociales, así como para aumentar la seguridad…
El reconocimiento del valor trascendente de todo hombre y toda mujer favorece la conversión del corazón, que lleva al compromiso de resistir a la violencia, al terrorismo y a la guerra, y de promover la justicia y la paz. Además, esto proporciona el contexto apropiado para ese diálogo interreligioso que las Naciones Unidas están llamadas a apoyar, del mismo modo que apoyan el diálogo en otros campos de la actividad humana. El diálogo debería ser reconocido como el medio a través del cual los diversos sectores de la sociedad pueden articular su propio punto de vista y construir el consenso sobre la verdad en relación a los valores u objetivos particulares. Pertenece a la naturaleza de las religiones, libremente practicadas, el que puedan entablar autónomamente un diálogo de pensamiento y de vida. Si también a este nivel la esfera religiosa se mantiene separada de la acción política, se producirán grandes beneficios para las personas y las comunidades. Por otra parte, las Naciones Unidas pueden contar con los resultados del diálogo entre las religiones y beneficiarse de la disponibilidad de los creyentes para poner sus propias experiencias al servicio del bien común. Su cometido es proponer una visión de la fe, no en términos de intolerancia, discriminación y conflicto, sino de total respeto de la verdad, la coexistencia, los derechos y la reconciliación.
Benedicto XVI – Nueva York, 18 abril 2008 |

Defender la niñez de América Una fuente oficial informa que un millón de niños, niñas y adolescentes desaparecen cada año de sus hogares en América Latina por los delitos relacionados con la adopción ilegal, tráfico de órganos y explotación laboral y sexual. Este dato significa que aproximadamente 3.000 niños cada día son forzados a separarse dolorosamente de sus familias por intereses económicos en un mundo en el que domina el dios-dinero. ‘Aparecida’ (reciente documento emanado de la última Conferencia General del Episcopado Latinoamericano) puso de relieve la vulnerabilidad a la que se encuentra expuesta la niñez en el mundo actual y abundó en la descripción de la situación de pobreza, de violencia, de abuso sexual por la que atraviesa un buen número de la niñez latinoamericana. Mencionó los sectores de la niñez trabajadora, los niños de la calle, los portadores de VIH, los huérfanos, los niños soldados y los niños y niñas engañados y expuestos a la pornografía y prostitución forzada, tanto virtual como real.
Jesús respetó y acogió a los niños con especial ternura y los presentó como modelo de acogida del Reino de Dios. Hoy día, ellos deben ser destinatarios de una acción pastoral que trabaje coordinadamente con las instituciones gubernamentales y las organizaciones civiles para proteger y promover integralmente a la niñez; para tutelar su dignidad y sus derechos inalienables. No se puede permanecer al margen del sufrimiento de tantos inocentes, especialmente de los emigrantes que, por la lejanía de su lugar de origen y la desesperación, se convierten en potenciales víctimas de los reclutadores y traficantes que encuentran en ellos una fuente de su mercado deleznable. Jesús pidió que se permitiera a los niños que se acercaran a Él. Esto se realiza hoy cada vez que se actúa en la defensa de la dignidad y se evita que sea pisoteada por intereses mezquinos.
Camilo Maccise, en VN nº2611 |