Con la esperanza de dar un poco de amor a cambio de lo mucho que hemos recibido.
Somos un matrimonio que llevamos casados 28 años, aunque parece que fue ayer cuando nos dimos el “sí, quiero”.
Nosotros oímos hablar de los guanelianos a través de Inma y Noelia, nuestras sobrinas, hace ya unos cuantos años. Para ellas la vida del Centro Juvenil era una experiencia maravillosa. Pero ahí quedó todo. Cuando nuestro hijo tenía 8 años se lo llevaron con ellas de campamento a Salcedillo (Palencia). Hemos de decir que fue algo obligado. Pero esos 15 días de campamento fueron especiales para él. Había encontrado nuevos amigos. Recuerdo bien que el domingo que fuimos a recogerlo, en el momento de despedirse y separarse, todos los compañeros de acampada se echaron a llorar. César, que así se llama nuestro hijo, siguió yendo todos los años de campamento y, más tarde, a los campos de trabajo. Fue así como nosotros fuimos conociendo quiénes eran y qué hacían los guanelianos y, poco a poco, fuimos colaborando en aquellas necesidades que tenían y que nosotros podíamos realizar.
Creo que fue en invierno de 1996, en “unas vacaciones de Salcedillo nieve”, en las que disfrutamos como enanos, cuando realmente, gracias a la convivencia, conocimos a otras familias. Después de compartir comidas y cafés, P. Teo nos pidió que colaborásemos con Cáritas, sirviendo la comida los domingos en el “Hogar del Transeúnte”. Más adelante, colaboraríamos también en mantener este Centro abierto todas las tardes, excepto en verano, y ayudaríamos en el ropero. Hoy día sigo acudiendo los lunes y los miércoles.
Con la relación y la amistad que teníamos entre todos nosotros surge la necesidad de profundizar más en la obra guaneliana. Así nace la idea de formar el “Grupo de Familias Guanelianas”. Nos reunimos cada quince días y tratamos diversos temas: estudio del Evangelio, del espíritu y la obra guaneliana, etc. Y terminamos con una cena compartida, seguida de una partida a las cartas. El grupo está abierto a gente nueva que quiera participar.
También colaboramos en casos puntuales, por ejemplo en la “Paellada P. Mario”, en el día de Don Guanella, y en todo aquello en lo que se requiere nuestra presencia. También, yo, Rosa, voy los jueves por la tarde a la piscina con los chicos de Villa San José y, después de la merienda, salgo con un grupo de ellos de paseo o de compras por la ciudad. Prácticamente paso toda la tarde con ellos. Los dos hemos aprendido de estos chicos que, cuando te dan un abrazo, un beso, una caricia, lo hacen de corazón. Recuerdo el día del 25 aniversario de nuestra boda. Celebramos una misa de acción de gracias en la capilla del Centro y asistieron los chicos de la Residencia P. Mario, y todos y cada uno de ellos pidieron por Rosi y Paulino. Fue muy emocionante para nosotros.
De los religiosos sólo tenemos palabras de agradecimiento: cuanto hemos necesitado, nos lo han proporcionado. Queremos agradecerles sus visitas al hospital y a nuestro domicilio haciendo buena la frase de Don Guanella: “dad pan y Señor”. Nosotros que nunca antes habíamos estado en ningún grupo, nos sentimos felices de pertenecer a esta Familia Guaneliana que nos sirve para llevar el día a día con ilusión, con la esperanza de dar un poco de amor a cambio de todo lo mucho que hemos recibido. Paulino Merino y Rosi Fernández
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