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Si queréis que la Congregación se extinga, hacedla rica.

Don Guanella
El osito de peluche Imprimir E-mail
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Una niña tenía un osito de peluche, que se llamaba Paco. Ella nunca se separaba de su Paco. Había crecido con él y era lo más importante de su vida. No hacia nada sin él. Este osito, con los años, se había ido desgastando; tenía un ojo postizo y, muchas veces, había que coser las costuras por donde salía la espuma que lo rellenaba.

Los padres de la niña, los hermanos y sus amigos aprovechaban cualquier ocasión para regalarle peluches. Tenían la esperanza de hacerle cambiar su viejo y ajado osito por uno nuevo y esplendoroso. Pero ella miraba el nuevo obsequio y lo colocaba en una estantería, donde se quedaba esperando que el polvo lo cubriera.

Un día, sus familiares, compraron un osito igual a Paco, pero este nuevo osito, estaba claro, no era Paco. Y terminó, como los demás peluches, en la estantería.
El osito Paco temía que un día, la niña, pudiese aceptar el nuevo peluche olvidándose de él… pero esto nunca pasó. Todos los peluches, grandes y pequeños, de colores fantásticos y sonrisas enormes, seguían ocupando las baldas de su estantería.

¡Paco era su peluche! Ningún peluche, por bonito que fuese, podía sustituirle.

Esta historia tiene tres protagonistas y tres maneras distintas de ver la realidad:

La niña que ama sin condiciones a su osito.

El osito que teme que otros peluches puedan capturar el amor y las atenciones de la niña.

Amigos y familiares que ven sólo la parte exterior de Paco y no entienden lo que representa para la niña.

Trasladando los hechos a nuestra vida cotidiana podemos decir:

La niña son las personas que nos quieren realmente y sin condiciones: Dios en primer lugar; luego, nuestros padres y nuestras parejas…

Paco, el osito, somos nosotros que muchas veces tenemos miedo a que las personas que nos aman se cansen de nosotros y que nuestras debilidades e imperfecciones puedan ser la causa de su abandono. Estos miedos no nos permiten entender el amor que nos rodea.

Y los amigos y familiares son la sociedad. Una sociedad que solo ve lo que parece, nuestro traje, el aspecto físico, nuestra apariencia… y nos aprecian por lo que parecemos, lo que decimos o hacemos, sin poder ver lo que nosotros somos y significamos para las personas que nos aman.

Hno. Eugenio Protasoni, SdC

Última actualización el Domingo, 14 de Diciembre de 2008 20:28