| El osito de peluche |
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Los padres de la niña, los hermanos y sus amigos aprovechaban cualquier ocasión para regalarle peluches. Tenían la esperanza de hacerle cambiar su viejo y ajado osito por uno nuevo y esplendoroso. Pero ella miraba el nuevo obsequio y lo colocaba en una estantería, donde se quedaba esperando que el polvo lo cubriera. Un día, sus familiares, compraron un osito igual a Paco, pero este nuevo osito, estaba claro, no era Paco. Y terminó, como los demás peluches, en la estantería. ¡Paco era su peluche! Ningún peluche, por bonito que fuese, podía sustituirle. Esta historia tiene tres protagonistas y tres maneras distintas de ver la realidad: La niña que ama sin condiciones a su osito. El osito que teme que otros peluches puedan capturar el amor y las atenciones de la niña. Amigos y familiares que ven sólo la parte exterior de Paco y no entienden lo que representa para la niña. Trasladando los hechos a nuestra vida cotidiana podemos decir: La niña son las personas que nos quieren realmente y sin condiciones: Dios en primer lugar; luego, nuestros padres y nuestras parejas… Paco, el osito, somos nosotros que muchas veces tenemos miedo a que las personas que nos aman se cansen de nosotros y que nuestras debilidades e imperfecciones puedan ser la causa de su abandono. Estos miedos no nos permiten entender el amor que nos rodea. Y los amigos y familiares son la sociedad. Una sociedad que solo ve lo que parece, nuestro traje, el aspecto físico, nuestra apariencia… y nos aprecian por lo que parecemos, lo que decimos o hacemos, sin poder ver lo que nosotros somos y significamos para las personas que nos aman. Hno. Eugenio Protasoni, SdC
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| Última actualización el Domingo, 14 de Diciembre de 2008 20:28 |






Una niña tenía un osito de peluche, que se llamaba Paco. Ella nunca se separaba de su Paco. Había crecido con él y era lo más importante de su vida. No hacia nada sin él. Este osito, con los años, se había ido desgastando; tenía un ojo postizo y, muchas veces, había que coser las costuras por donde salía la espuma que lo rellenaba.