| Legazpi-Filipinas: 10 años de presencia guaneliana |
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“Un sueño y una vida plena"![]() Testimonio de P. Paolo Oggioni, SdC La comunidad guaneliana de Legazpi cumple 10 años. "Una ocasión preciosa para releer este primer tramo de historia y para descubrir la presencia evidente de Dios que ha guiado y hecho realidad nuestros pasos", subraya P. Paolo Oggioni, el que fuera fundador y director del Centro Sagrada Familia, y que actualmente desarrolla su misión en Estados Unidos como responsable de la Pía Unión del Tránsito de San José. Llegó a Legazpi el año 1998 y se presentó al Obispo para ofrecer plena colaboración al servicio de los pobres. Durante estos años ha visto como gradualmente se desarrollaba en aquella comunidad el proyecto que Dios realizaba a través de la Obra. “No fue necesario buscar a los pobres. Ellos nos buscaron para mostrarnos el sufrimiento que encierran sus pobres viviendas en la ribera del mar, y los signos de la dificultad y el miedo de los que no tuvieron posibilidad de realizar los mismos sueños. Hemos encontrado a niños marcados por las heridas de la pobreza y del sufrimiento, del hambre y de los abusos. Niños que morían de disentería, meningitis o de pulmonía. Hemos encontrado personas marginadas y muchos enfermos de tuberculosis, cuyos cuerpos, privados de alimentos y de cuidados médicos, eran incapaces de realizar ningún esfuerzo físico”.
Allí, junto a la ‘primera piedra’, los guanelianos depositaron la medalla de S. José. "Por su intercesión el Señor nos ha concedido múltiples gracias: día tras día hemos sido testigos de la Providencia en esta casa para enfermos e incurables a la que hemos llamado posteriormente Sagrada Familia". Diferentes fechas han marcado la historia del Centro Harong Kan Sagrada Familia: el complejo se terminó de construir el 6 abril del 2000; la bendición de la pequeña iglesia dedicada a Jesús Redentor el 31 de diciembre del mismo año. El 11 de noviembre de 2001 tuvo lugar la bendición de las nuevas estructuras. El 8 de diciembre de 2002 arrancó la construcción de un nuevo espacio, que fue dedicado a la memoria de la madre del generoso bienhechor. El 24 de marzo de 2003, en el aniversario de la fundación de la Congregación, comenzaron las actividades en una nueva instalación que amplía así el servicio ofrecido a chicos discapacitados. “Nunca hemos esperado –subraya P. Paolo- a acabar las obras para empezar las actividades. En el momento en que una habitación estaba lista, se acogía inmediatamente a un necesitado. A la sombra de un gran mango, recibían alimentos los niños desnutridos. Los chicos con discapacidad mental eran transportados en una cesto de bambú por un grupo de fisioterapeutas y maestros, increíblemente ricos en amor y generosidad." Poco a poco los espacios vacíos se fueron llenando. Han sido muchos los pacientes que se han beneficiado de cuidados médicos. Muchos los niños que han recibido comida y ayuda sanitaria; muchos los chicos enfermos de tuberculosis a los que se ha proporcionado tratamientos apropiados. Muchos los pobres que sufrían por causa de su discapacidad física, y que han mejorado gracias a la rehabilitación; muchos los niños con problemas mentales que han podido seguir programas específicos de estimulación. “Cuando nos dimos cuenta de que no había más espacio para desarrollar nuestras actividades, nuestros ojos y nuestro corazón volaron a otro lugar, a otro terreno, justo delante de nuestra casa. Necesitábamos otros espacios para nuestros niños, pero también para cultivar frutas y hortalizas o criar animales, tan necesarios para alimentarse. Le pedí, entonces, al propietario si podía enterrar otra medalla de S. José en su terreno. Me contestó que la enterrase en el nuestro, porque, si era voluntad de Dios, llegaría el dinero para comprar la tierra. Y así fue. Gracias a la bondad de muchos bienhechores el terreno pudo ser adquirido”. ![]() Hoy, transcurridos 10 años, el Harong Kan Sagrada Familia ofrece servicios de reeducación y promoción a discapacitados psíquicos y físicos, fisioterapia gratuita para los que no pueden pagarla, y escuelas especiales para niños con discapacidad mental. “Somos testigos de los milagros que la Providencia ha cumplido, parecidos a los que han dado vida a la Congregación; milagros que nos ayudan a ver cómo Dios trabaja siempre cuando creemos en Él y cooperamos en su proyecto de amor".
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| Última actualización el Domingo, 14 de Diciembre de 2008 20:31 |







El 21 agosto de 1998, los guanelianos acogieron al primer paciente, Jemson, un joven que, al caerse del árbol en el que dormía, se había roto dos vértebras. Pero era tan pobre que fue dado de alta en el hospital, sin practicarle ningún tipo de cura. “Lo adoptamos y ayudamos a recobrar la plena autonomía en los movimientos, librándole de una discapacidad permanente. Estaba claro que Dios nos pedía que nos quedásemos en Legazpi cuando Joseph, un bienhechor, nos regaló un acre de tierra para construir una clínica”.