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El alma y el secreto de la Obra es la confianza en la Providencia.

Don Guanella 

Vamos al Padre Imprimir E-mail
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Gualdera donde Luis Guanella cuidaba el rebañopara recibir un abrazo amoroso

Desde su más tierna infancia, el pequeño Luis tuvo que arrimar el hombro a la economía doméstica: pequeños trabajos como llevar el ganado a pastar o cuidar para que no se saliese de los prados en los que podía estar.

Eran pequeñas tareas que perfectamente se podían confiar a un niño, y a través de las cuales aprendía a crecer en el sentido de la responsabilidad.

¡Qué quietud en la montaña! Y sin embargo, la vida envuelta en  el más absoluto de los silencios añora un rostro amigo. Era el clima ideal para que su corazón de niño descubriese la necesidad del padre: "el alma del niño se enciende y grita al padre y le tiende sus pequeños brazos y corre hacía él. ¡Ahí está, en los brazos del padre! El pequeño no cabe en sí de gozo y colma al padre de besos y caricias". Don Guanella rememorará, muchos años después, con estas palabras sus primeras experiencias infantiles, que constituyeron para él una catequesis fundamental y le dejaron una huella espiritual que orientó su vida futura.

Nos parece estar viendo aún a Don Luis acercándose a los enfermos en sus visitas por las Casas: para todos tenía una palabra de ánimo o de consuelo. Palabras que recogerá, más tarde, en su ensayo Vamos al Padre: "Alma que buscas a Dios, invócale de corazón ¡Abbá! ¡Padre!, y sentirás su presencia. El mismo Jesús, conmovido por tus oraciones, está a tu lado, a tu derecha, y te acompaña hasta el Padre. No sólo eso, sino que para conmover a Dios y encomendarte a Él, Le muestra las llagas de sus manos, de sus pies y de su costado abierto".

En cambio, nosotros no sabemos cómo dirigirnos a Dios cuando estamos en oración ante él. O peor aún, nos quejamos cuando no obtenemos lo que le hemos pedido, olvidando que, quizás, Él quiere concedernos un favor más grande para que le podamos corresponder con mayor cariño. Hoy, en la sociedad del “todo y ya" se ha perdido la fascinación y la esperanza de la espera que nos permite saborear con más intensidad el regalo recibido. No sabemos esperar.

Sólo los humildes sienten en su alma un profundo dolor cuando no corresponden al amor de un padre tan bueno, pero no por eso dejan de perseverar en la oración, como el medio más idóneo para encontrarse con Él: "Sea para el Señor el primer saludo de la mañana y el último de la noche, para que todo el día esté inmerso en Dios como el pez en el agua y el pájaro en el aire."

Por su naturaleza, el hombre no es insensible a la fascinación de la creación: el clarear de la mañana y el crepúsculo de la tarde, con sus colores difuminados y casi melancólicos, suscitan en él la nostalgia del amor paternal. No es menos cierto que el hábito del pecado puede, de algún modo y sólo pasajeramente, ofuscar esta percepción, pero esa fascinación estará siempre ahí, y brotará aún con mayor intensidad cuando menos lo esperamos: ¡estupendas ocasiones de gracia!

Nuestro Beato estaba convencido de que Jesús, junto con la Eucaristía, y antes de dejar visiblemente este mundo, nos dejó una oración que tiene el sabor de una carta de recomendación para dirigirnos a Dios. Una oración que es, si cabe, más grata al Padre por constituir el testamento de su Hijo predilecto, la síntesis de los motivos que le trajeron a la tierra y por los que se inmoló, así como de los anhelos más profundos de su Corazón.

El Padre Nuestro es un abrazo entre Dios y el alma fiel. La distancia es infinita, pero está llena del amor reflejado en el don del cuerpo, modelo del cuerpo del Redentor, y del alma, destello de inmortalidad.
Como hijos adoptivos de Dios por el Bautismo, podemos experimentar, si permanecemos al lado del Señor, la más extraordinaria dulzura al repetir con cariño siempre nuevo: “¡Padre! ¡Padre!", con los ojos elevados al cielo y clamando: "¿Cuándo nos acogerás cerca de tu trono, oh Padre, cuándo?”. 
Pero el amor a Dios exige olvidarse de sí mismo y ser humildes.

Gabriele Cantaluppi

Última actualización el Domingo, 14 de Diciembre de 2008 20:31